29 nov. 2009

Gracias por las flores



Algunas reflexiones sobre Datas. Mixta/lienzo, 200x200 cm 2003

Uno

"Cada vez me atrae más la limitación en la invención de la propia historia."
Apuntes Elias Canetti. Galaxia Gutenberg


"Ya que el mundo se resistía a ser modificado, tenía que acatar el imperativo de encontrar un acuerdo con las cosas, con lo social, vamos a llamarlo, dejar de sufrir, reconciliarme, extraer de la existencia lo que me pudiera procurar satisfacciones."
Los pecados capitales. Fragmento de Él. Mercedes Soriano. Grijalbo 1990

Ha colgado Antón Hurtado, caminante inquieto, una buena acuarela en su ventana del blog. Buena por su desnudez. Desnudos, todos ganamos mucho. Al menos, a mí me pasa. Me encuentro bien. Claro que, luego hay que relacionarse: compartir criterios, trabajo, charla. ¿La tertulia?. ¿Dónde quedarán aquellas unidas voluntades?.
Dicen que la TV ha tergiversado todo. Digo que la TV ha tergiversado. Vivir informado. Vivir uniformado.
La acuarela "Puerto L" está realizada en Octubre. y este llamado hacia el trabajo de Datas también. Aquella en 2009 y este "Algunas reflexiones sobre Datas" en 2003. Así es y formó parte de mi exposición en la desaparecida Bilkin. "Gracias por las flores. Pormenor" en 2004. Desde mi punto de vista como obra principal junto a unas esculturas (Venecia). Claro que con el espectador nunca se cuenta. O se hace insustituible, imprescindible. En ocasiones es él quién debe terminar lo iniciado. Con su ilusión, su capacidad de ver, su punto de vista.

"No hacen falta alas para ser el bueno
basta con las ganas y con el empeño ...
Fragmento Silvio Rodriguez

Ocurre que estás emocionalmente imbuido en una obra, completamente seguro, al menos, de su racimo de miel y la celebrada es la obra de al lado. Y asientes porque todas ellas son de tu taller. Parientes. En alguna ocasión he ido a celebrar una exposición de un artista, no siempre amigo, en su inauguración y he sido, sin quererlo, el protagonista. El mundo a veces es muy vehemente y eso no te crea muy buena sensación. Pero así es en este mundo de la oferta sin demanda, del disponible, del escaparate.
Joseba Irazu dice que conoce tres tipos de artistas: Mudos, Comunicativos y Exotéricos.
Quizá a alguien le esclarezca algo esta sencilla división de Bernardo Atxaga, pero a mí saberlo no me impedirá ir a trabajar mañana. Solo. Porque estaré siempre acompañado de los otros. Y los libros, los catálogos que empiezan a trepar por las paredes. Sus lomos como espejos. Y el acuerdo tácito con las cosas que decía la buena de Mercedes Soriano. Y acaso Chet Baker al fondo o cualquier música elegida, mientras se enciende un cigarrillo detrás de los cristales. Transparentes. Y leído, como mala costumbre, el horóscopo diario.
Hoy estoy feliz. Ayer hablé con mi madre. Estamos los hermanos tan dispersos que no distanciados. Eso es lo deseable. Que en ocasiones pienso que es sólo mía. Mi madre. Un aluvión de luz. La abundancia en la escasez. El primer pecho.

Y octubre. Trataremos de los grupos artísticos después o siempre. En otra ocasión. Pero siempre que hable yo, que escriba yo, que enmudezca yo, estará mi madre.
Y este Octubre de Ángel González.

A VECES, EN OCTUBRE, ES LO QUE PASA ...

Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frío oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas;

cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como susurros que dispersa el viento;

entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:

esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.

No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.

Palabra sobre palabra. Poemas elegíacos. Seix Barral.

Dos

Y fue unos meses antes de ese Octubre, pintado, que os cuento. Cuando expuse en el aula de Cultura de Gallarta. Allí me fui con mi suegro, Paco, a saludar a Dolores Ibarruri, en el bar del PC. Está muy cercano a la sala. En la Avenida del Minero. Quizá como último homenaje a lo que fue. Y que ahora es aliciente tan sólo para la memoria. Siempre me parecerá extraordinario ese modo de zanjar los asuntos. Una tarde se inaugura la Avenida del Minero. Y a otra cosa. Ahora el pueblo es pretenciosamente industrial, sin industria, al otro lado de la ría. Allí donde la margen derecha queda, como antaño, demasiado lejos.
Me contó, Paco, mientras viajábamos, con el tono importante de las cosas secretas, que en los sesenta había un hombre del Este, polaco, armenio tal vez ... que tocaba el violín y vivía en una lonja de Recalde y pintaba. Y pintaba. En la lonja con una bombilla seca en el centro.
Tocaba el violín para llenar de luz musical ese pequeño espacio, donde comía, dormía, vivía con una bombilla. Sola. Y pintaba, y no se sabía con certeza de qué vivía. Tocaba el violín para él y pintaba cuadritos que quizá vendía.
Tomando un café, debajo de la Pasionaria, me confesó: - Me siento mayor al ver tus pinturas. Traduje de inmediato que eso lo decía por la amistad, por la familiaridad que nos unía. Podría haber dicho: - Esto es un disparate. Pero era respetuoso y sabía del compromiso que yo había adquirido con mi trabajo.
Dice Colin Dexter en su novela El mundo silencioso de Nicholas Quinn. Plaza Janés.

"Ninguna acción humana tiene lugar por puro azar y desconectada de otros acontecimientos. No hay nada que no sea susceptible de explicación."

Creo que apreciaba, Paco, más la cantidad de obras, el trabajo, que las obras expuestas. Desde su diferencia de edad, inalcanzable. Temiendo que fuera yo a quedarme en el futuro de esa guisa. Como aquel señor del Este, con una sola bombilla, que pintaba y ... sin saber tocar el violín.

Me parece un abultado error que alguien, con la edad que tiene el mundo, manifieste que no entiende de pintura. Más grave aún, si estas ocasionales confesiones veniales, por otra parte, surgen de boca de personas relacionadas con el arte. Estoy seguro que la verdad de todo empieza en la literatura de intriga.

22 nov. 2009

El suficiente. A Pilar Múgica



Autorretrato. Collage y mixta/papel encerado 42x36 cm 2009

El enfermo le preguntó la hora a su mujer y ella respondió simplemente: "Dentro de quince minutos"(dentro de quince minutos tendría que irse)
El peso del mundo. Peter Handke Laia 12

Primera parte

El mundo por fuera. El mundo por dentro. El comportamiento.
Me pongo el buzo gris y azul que me identifica como responsable de la limpieza. En una ocasión un periodista escribió que era el encargado y tuve que disculparme ante el mío. Se puede suplantar la personalidad. Ser otro. Pero con los oficios hay que ser muy serio.
Recién llegado al trabajo me prometo, solo, en el cuarto que volveré a Portugal. De Norte a Sur. De Este a Oeste. En el país vecino vimos, cuando fuimos muy poca basura. Muy pocas hojas caídas, era verano. Eran tiempos de menos consumismo. El aire que respiramos allá era muy austero, al menos en los pueblos que elegimos para iniciar nuestra visita. Los pueblos pequeños. Los puntos en el mapa diminutos que estaban al lado de los negros. Un poco más alejados de los rojos, las ciudades. Diseminados. Salpicaduras de tinta en un descuido: Borba, Estremoz, Tondela, ...
Aquella errata o interpretación libre de mi ocupación me confirmó lo que desde hace tiempo pensaba: el periodismo no es una ciencia exacta. Será por eso que gusto de leer los diarios atrasados, cuando la noticia, el suceso puntual y a quemarropa puede, quizá, afectarte menos. Y es una manera más de celebrar tu evasión. Os aseguro que ocurren demasiadas cosas a nuestro pesar. Y seguirán, tic tac, tic tac, ocurriendo...

"y tomo de aquí, y de allá el zumo de las cosas,..."
Prosas apátridas (fragmento) Julio Ramón Ribeyro. Seix Barral

Segunda parte

El mundo por fuera. El mundo por dentro. El entretenimiento.
Dotados de un cierto pesimismo. La crisis, el envejecimiento, los caprichosos, medidos pasos a una inevitable senectud, algunas personas del medio artístico dan forma a la opinión, de la obsolescencia de las galerías. No estoy de acuerdo. Recuerdo que ya cerraron Galerías Preciados. Ahora se trata de las galerías de Arte. Esas personas están ya viviendo un futuro obsoleto. Demediado.
Con el fin de las galerías se perdería gran parte del conocimiento del Arte. La magia en fuga. Como la educación en fuga con la jubilación de los maestros.
Seguro que olvidan que en NY se contabilizan quinientas. Entre Madrid y Barcelona un centenar. Quizá sea el momento de que una ciudad ignorada las aglutine todas. Teruel, por ejemplo. Y haya que ir allá como a Venecia, Praga, Lisboa, Berlín, Camberra, ... con ese reclamo, la ciudad de las galerías. Desde luego siempre es válido el dicho: "el que tenga tienda que la atienda".
Flaco favor le hacen a este mundo, del arte, que no salió aún de la batalla desde que comenzara en las paredes de una cueva.
Creo que estas apocalípticas opiniones sobre el presente y futuro del estado de las galerías son propias de conversaciones trasnochadas en Pubs de horario ininterrumpido. Parece que surgieran entre trago y trago de alcohol y el humo de cientos de cigarrillos, y falta de sueño. Opina así el que está cegado por el éxito de Serra, Koons, Hirst y un largo etc. y comienza a no ver en el horizonte arte alguno que no sea ese. Perdido ya el socorro debido a las personas y la paciencia para con los intermedios. Ir a la luna del capital. Ya. Sin paradas. Sin recreos.
Desde luego, están equivocados. No nos han vendido la era milagrera del ocio con su variedad de productitos (postales, paraguas, posters, bolis, lápices, etc.) para llegar a eso. Ya se cerró bastante por eso. Sustituido lo industrial por lo cultural, por lo turístico. No sé que opinará Manuel Vicent. Él, que es un activista del mundo del arte y se ha emocionado tanto con sus descubrimientos. ¿Cómo sino se escribe la "La novia de Matisse"?. Alfaguara.
El arte es conocimiento, deseo y viceversa. Opinión, apreciación. Cuestionario incontenible del presente. Dice Ferreira. Pensar. Acantilado 138 :

"Lo más grave de nuestra época no es que no tengamos respuestas para lo que preguntamos; es que ya no tengamos ni preguntas"

Tercera parte

El mundo por fuera. El mundo por dentro. El aprendizaje.
Cientos de artistas están trabajando en este momento. En el taller. Tantos como los cientos de jóvenes que buscan trabajo, hoy, desesperadamente... algunos duermen fuera de casa, en casa de amigos o familiares. Sestean en las salas de los autobuses, aeropuertos ... mi compañero, ahora, Fernando Villena ha aterrizado en NJ con un trabajo de fotografía en el oeste de USA. Los parques naturales. No ha ido allá a cerrar galerías. Tal vez, como todos ha ido a hacer lo humanamente posible.

"- El secreto para una vida feliz, Lewis, es saber dónde debe uno detenerse y entonces seguir un poquito más.
- Tomaré media más, en ese caso."
El mundo silencioso de Nicholas Quinn. Colin Dexter. Plaza&Janés

Acaso con las prisas no quiera, no pueda, yo, ser dador ni quitador sino todo lo contrario.
Abogan estos opinadores del futuro que la solución pasa por subirse al maletín de un representante que te relacione con las instituciones. Un marchante. Un portavoz que te ubique en un inexistente comercio. Te asegure el salario mínimo, al menos, interprofesional. Te procure trabajo continuado y sin sobresaltos y al fin el éxito. De ser así me gustaría que el mío, además de los que tengo, fuera Gil el representante de calzado, caminante de pueblos, que interpela a Gregorio "El gran Faroni" sobre el estado de su poesía. En la maravillosa novela de Luis Landero: Los juegos de la edad tardía. Tusquets -102

"- Y el artista, ¿nace o se hace?.
- Nace. No, brota, emerge. Eso es. El artista emerge de la unión entre el destino y la, y la, y la pasión. No, entre el destino y la, entre la libertad y el destino. El artista emerge de la unión entre la pasión, la libertad, el destino y la, y la ignorancia."

No sé que le ocurrió a aquel señor. Antes de que le vieran sentado constantemente en el banco de la plaza principal del pueblo leyendo el periódico. De alante atrás. De atrás para adelante. Con regularidad de Jesucristo colgado en la pared. A su alrededor el pueblo ameno de mañana. El tráfico y el alboroto del mercado. Cortésmente contestaba a los saludos: buenos días, buenas tardes. Una nota fundamental en esa plaza. Antaño. Con la fuente, homenaje a la vendimia, al agua a chorros. Con los bancos (asientos), el quiosco de prensa, golosinas, juguetitos de plástico y las fachadas azules de la plaza. Los soportales. El Penalty.
Le preguntaban a veces la hora como si no hubiera un reloj en la iglesia que se divisaba desde Úbeda. Y contestaba bien con agrado, con un movimiento ágil y atinado de muñeca. - ¿El tiempo mañana? - Si de mí dependiera bueno. Pero ya se sabe esas cosas vienen de arriba.
Unos conocidos celosos de su quietud, su buen talante, preocupados por saber de dónde salía su sustento le decían: ¿por qué no buscas un trabajo? - Me arreglo bien aquí. Poco sé hacer.
Ahora con la vendimia hay mucho trabajo: hacer el trasiego, lavar las tinajas. - No sé. No sé, contestaba sin perder su asiento.
Me contó todo esto mi tío Roberto, que se fue ya. El hombre de los besillos cálidos. Uno en cada mejilla. Familiares. - Hasta luego.
Y me dijo mi tío que consiguieron al fín, por amistades, que trabajara en una bodega para el trasiego. Del vino. - Se trata de subirte encima del camión cisterna y velar porque no se vaya. El motorcillo no tenía medidor de paso. Y allá se fué el hombre del periódico con unos cigarrillos. En Julio y la calor. Encima de la chapa de la cisterna.
Cuando llegue el vino arriba gritas la voz ¡Lleno!. ¡Lleeeno!. ¡Eeeno!. La voz gutural del bodeguero.
La manga manando vino suavemente y un ruido de chicharra continuado al fondo del patio.
Al hombre con el tiempo, quizá por ser su primer día de trabajo. Su primer día sin banco de la plaza, quiosco, tráfico, animación del mercado ... cuando el vino llegó y corría ya calle abajo sólo pudo gritar: ¡Suficiente!. ¡Suficienteee ...!
Y se sabe que volvió, luego, a su banco(asiento) al día siguiente. El suficiente.

Observo peligro, indolencia en este caprichoso dar y quitar vida a los negocios. A las personas.
La inteligencia en exceso es mala inteligencia. Dice
Vergilio Ferreira. Pensar. Acantilado 138
"¿De qué te sirve la inteligencia si no tienes inteligencia para usarla con inteligencia?"

La delectación, la degustación, el pensamiento sibarítico excluye y hace jugar a la ruleta trucada sus principios.

"Desde una mesa repleta
cualquiera decide aplaudir
la caravana en harapos
de todos los pobres ..."
Silvio Rodriguez. Fragmento

Paseando, mientras voy a mis cosas, me encuentro este elocuente letrero en la DYA de Bilbao: Se necesitan personas para casos de soledad.
¿No será eso lo que nos ocurre, que estamos tremendamente solos?
Viernes veintisiete de noviembre de 2009

14 nov. 2009

Una casa es un patio, mañana entera, un corral al fondo: los conejos, la gavillera ...




Gavillera. Mixta/papel 147x140 cm, Octubre 2009

"He cogido tantas veces este cuaderno
para escribir y lo he dejado como estaba,"

He cogido tantas veces (fragmento) Sumar y Restar. Javier Aguirre Gandarias
.

Fue la herencia paterna que recibimos: ciento veinte conejos. Grandes, medianos, recién nacidos. Además, naturalmente, de todo lo sabido que se lleva consigo entrevenas y el alma. El parecido. ¡Ay que verde vejiga, que mala madrugada!.
Me recompongo por si influyera este lamento mío al compartirlo. Conejos, que tesoro, biennacidos conejos. Alimento diario por si acaso y moneda de trueque. Ciento veinte y no sé que fue de ellos, que pasó, dónde fueron.
Nos veía, esperanzado, crecer nuestro padre. Ganar altura. El primero que llegó a los pedales de la bicicleta fue Pepe. Confieso que siempre tuve cierta resistencia al crecimiento. Modorro. Me mandaba mi padre al taller de Agapito. Enfrente. El zapatero constante. Quizá pensaba que ese oficio era mejor para mi, cuando me sentaba en el taburete junto al barreño de buscar las fugas, los pinchazos de los neumáticos. Tan mirón en el interior del taller.
Le llevaba papá cogido del sillín apenas dos pasos, luego como voluntad compartida mi hermano mayor continuaba solo, derecho a casa a excepción de una curva peligrosa a la izquierda. Un pequeño repecho y ahí estaba mi hermano triunfante de la vuelta del trabajo de nuestro padre. Del taller a casa, media manzana. Pocos metros. Aprendió rápido a mantenerse en equilibrio y con el atrevimiento vino lo demás. De inmediato pudo llevarme, henchido de responsabilidad en la parrilla de atrás, porta equipajes, porta hermanos, porta sacos de amapolas para los conejos. Preferían la alfalfa recién cortada, el alimento principal de la vaquería de arriba de la calle.
Cogíamos con mi madre ramilletes de ellos que luego iban a parar al fondo del saco. Nosotros con las manos, mi madre se ayudaba del mandil y nos ganaba siempre. Sabía andar en las cunetas, era alante, en la carretera de Torrenueva y Santa Cruz de Mudela. Entre piedras, cardillos, hinojo y romero. Frescas amapolas recién surgidas libremente, diseminadas, en el paisaje. Entre sembrados alineados de buen cereal, trigo verde, candeal. Espigado futuro que mecía el aire. Había que coger dos sacos cada vez. Luego del aprendizaje íbamos solos. Voracidad vegetal de animal herbívoro. A ratos confundíamos con alborozo su función alimenticia y los mirábamos como al Loro que nos presentara Javier Aguirre Gandarias:

Tiene un ojo cerrado
y otro abierto. El loro tuerto!
¿Cantar? No canta.
¿Reír? No ríe.
¿Posee alguna gracia? Ninguna. El loro tuerto!
¿Ha aprendido a amar? No ha aprendido.
pero subo las escaleras corriendo,
para verle, con el corazón impaciente:
¿Le habrá ocurrido algo?
Le doy de comer, le hablo al oído, le mimo
y me mira fijo, fijo, con su ojo demoníaco. El loro tuerto!

Incontinentemente felices. Como niños. ¡Tan numerosos!. Y nuestro padre con ese ejercicio siempre de tablas y clavitos, de bisagras de caucho y tela metálica muy fina que siempre se me ha antojado lo más difícil del mundo colocar: tan derecha tan tensa. Hexagonal en cada una de sus celdillas y unos cerrojitos fabricados en casa con un hierro y chapa de lata de aceite para automóvil. Había en casa algunos botes de verde y rojo BH. Para reparar raspones de los cuadros de las bicicletas y yo con un sólo pincel me sentía iniciador de un nuevo juego pintando la pared de mi habitación que daba a la calle. Había que estar siempre en contacto con los amigos.
No eran tiempos ociosos aquellos años. Siempre había algo que hacer. Siempre. Habitáculos, separadores para la coneja en celo y la por parir, cuidados para la prole. Hacía mi padre unos comederos de chapa contorneada y pisada, como los harían en Méjico.
Mientra ocurría todo esto nos aventurábamos por las alturas en ejercicio y prueba de que no había miedo ni vértigo. Desde aquel conjunto de haces de sarmientos que daban techo a los animalitos se divisaba el cerro. Más cerca, el cercado abandonado contiguo al corral. Y mirábamos muy atentos en busca de algo, que tal vez fuera prohibido o que tan solo estuviera allí. Y no había nada nunca excepto la quietud, un poco de mala hierba entre una desmandada higuera con higos hueros.
Eran, miraras donde miraras, cuadros, estampas con figura siempre que volvíamos abstractos tal vez por la impaciencia, por la prisa.
Tuvimos en la Virgen de La Cabeza un sustituto de maestro que se ganaba nuestro silencio y respeto pintando con tiza unos caballos bien nutridos, reales, maravillosos a pizarra entera. Recuerdo con gratitud que pensaba entonces que era magnífico. Mientras estuviera ese dibujo no habría en el encerado otra cosa. Cosas mías.
No dejaré de contarme aquí estas cosas. De renovar esperanzas perdidas, emotivos o locuaces silencios. Alegrías. Al final uno es de lo que está hecho. Lo dice Iriondo en el texto que ha realizado para la exposición de Antón. De propia voz y en palabras de otros. Un saludo. Salud.


7 nov. 2009

Una casa es un pozo, una higuera, una cocina




Una higuera. Mixta/papel 140x140 cm 2009

... que clase de libertad van a darte.
"Yo me quedo" Pablo Milanés

Me quedaría, aquí, cuidando del balcón. Detrás de los cristales. Mirando cómo el viento zarandea el Ficus cargado de años. Los geranios. Las adormecidas, verdes, plantas que nos revitalizan a diario. Aquí se halla la fábrica del viento y conozco otro lugar con esas características: el arco que da paso histórico al pueblo burgalés de Covarrubias, Arco de Santa María. Lugar dónde se cierra el paso a los vehículos, lugar que viera lo que viera. Tanto.
Este balcón nuestro rectangular es menos transitado que esa pieza histórica que cruzamos camino de Pelusa, la tierra cerrada de nuestros amigos Tere y Pedro José a las afueras.
Escribo en esta calle interior semiprivada de Zabálburu con el protocolo del invierno presentándose. No muy lejos de aquí, en los puntos más altos el agua con el frío se convierte en nieve.
Está lloviendo y me acuerdo de Alday aldeano fuerte y grande, añejo y noble como un buey. Subía él. Bajaba yo. La cuesta de Elejalde. A la altura del cementerio, lloviendo a cántaros: Suave, suave, decía. Cuándo llueve hay que andar tranquilo, si no coges las gotas tuyas y las de alante. Alday agarrado siempre, paseando, a su vara de avellano de dos metros, con su txapela grande.

En el 67 ó 68 mi padre cerró el pozo interior de la casa. Teníamos nueve, siete, cinco, tres, uno años los hermanos. Demostrábamos correa suficiente y altura para asomarnos por el brocal de piedra al redondo vacío. Nunca se sabe dónde se encuentra la curiosidad. Y precipitarnos abajo. Cerrado a cal y canto dio lugar, luego, a un aparador para la mesa de la cocina. Hacíamos toda la vida allí. La cocina es el corazón de las casas. Los patios abiertos el pulmón, bien regados desde la mañana. En el nuestro siempre colgaron floridos geranios y demás plantas. Mi madre, del campo, siempre tuvo buena mano para ellas. A veces pienso cómo llegó a tener tantas sin comprarlas. El dinero era para otra cosa. Un esqueje de aquí, la buena vecindad y alguna que traía mi tía Tomasa de la rebusca, del campo.
A grandes males, grandes remedios. Al quitar el brocal de piedra se dieron cuenta del porqué la higuera estaba tan saludable. Tantos higos, tantas brevas. Y es qué todas las raíces se dirigían allí a compartir el agua, el frescor con los melones y las sandías que mi padre metía en un cubo y lo ataba pozo abajo a un metro del agua. Una buena sandía no debe caber en ningún frigorífico. Las buenas son las grandes. -Se rajan las gordas!! gritaba el melonero en la Trinidad, la Mesta, La calle del Convento ...
El patio empedrado de la casa estaba abultado también por la presencia de esas raíces. Llegaba la higuera al tejado, abundante en su copa, con un tronco derecho estilizado de podas sucesivas. Responsables. Tenía para nosotros, chicos, la altura del vértigo. Daba sombra al patio toda la primavera y el verano. Y aprovechó mi padre la obra del tapiado del pozo para hacer un cuarto de baño. Habida cuenta de que no era necesaria la basura. Antes de los calores varias personas hacán la labor de sacarla, tan útil para la tierra luego, para el campo. Del retrete a la calle, en espuertas. A veces, atravesando toda la casa, del corral a la calle. En las casas con tierra echaban con la orca paja. Facilitaba el sedimento y la tarea. Puso un grifo en el patio que aún existe. Suficiente. Había un dicho entonces que tendrá vigencia, pienso, siempre:

Aunque manden las derechas, aunque mande el comunismo, los que sacan la basura casi siempre son los mismos.

Ahora en todas las casas, aparentemente, hay cuartos de baño, progresivamente desaparecieron los retretes. Se jubilaron, desaparecieron, los que sacaban el estiércol a espuertas. No obstante, hay muchas cosas que no han desaparecido. Hay quién no sabe andar sino es con el corazón fuera del pecho.
Volviendo a Vergilio Ferreira. Pensar. Acantilado 138
"Uno de ellos era muy inteligente y lo aprendió todo, lo entendió todo y se llevó todo eso consigo cuando murió. El otro era razonablemente estúpido e inventó un modelo perfeccionado de sacapuntas. Y existió más."

El proceso del progreso.