19 jun. 2010

Discurso de las Plazas



Alberto Rementería. Chicas


Usted es muy amable.

Bolo. Ese montón de dudas llamado chatarra. Amargord ediciones.

Acabo de conocer que en Rumanía, los hombres para mostrar el duelo, el dolor de la pérdida de un ser querido, se dejan barba durante cuarenta días. Me ha impresionado esa costumbre. Esa norma.
Hace días que considero la nueva Plaza de Arriquibar, casi desde su inauguración, como la más inhóspita de Bilbao. Al principio me dejé llevar por ese movimiento, en tiempo record, de la fuente principal. Se puede ver ahora alzada y rodeada con un grupo circular de bambúes. Pequeños bambúes que aparentan querer vivir en un lugar más soleado. Tendrán que reponerlos vuando adolezcan de frío, cuando vayan echando de menos el calor. Valoré positivamente sus quitamiedos de bronce. Quizá me dejé llevar por la limpieza. Pura fantasía.
Al cabo de unos días, en mi paseo de mañana, ví que habían quitado el único banco de esa Plaza para que no fuera ocupado por indigentes. Serrado de raíz. Con rotaflex, como se hacen esas cosas. El ayuntamiento explicaba que era por eso, por los atorrantes, su ausencia. En un acto de responsabilidad ¿civil?, ¿ciudadana?.
Observo la Plaza ahora con añoranza, esa plaza de paso donde vivía la "loca de Arriquibar". Donde soñaba la Señora de Arriquibar. Mi perro siempre se portó bien en aquella plaza. Claro que con un metro veinte de libertad. Siempre atado. Ocasionalmente los acupantes de sus bancos me ayudaban a acabar con mis cigarrillos. Y cuando paso ahora al sombrío hall del edificio transformado, no dejo de pensar en aquellas gentes. Expulsadas de su paraíso. Y su muestario de columnas no me dice más que: -aquí hay gato encerrado-. ¿Dónde se juntarán ahora esos amantes de la intemperie?, esos fumadores empedernidos de cigarrillos ajenos. Quizá adoleciendo la ausencia del magnífico banco que les diseñó Philippe Starck, se dejen barba ahora cual rumanos. Ya es sabido: "el muerto al hoyo y el vivo al bollo". De no ser así ¿Qué haríamos?.
Habitado por este sentimiento, contrario a la nueva bilbainidad que propone la Alhóndiga cultural: consume o muere, parecen decir sus directivos. Paga por comer, beber, descansar, mirar. Levemente, a un precio módico, con descuentos familiares y algunas facilidades. Haz gimnasia pagando. Usa la piscina pagando. Darío Fó acaba de declarar que con la muerte de José Saramago se le ha ido parte de la vida. El mismo Darío que escribió: Aquí no paga nadie. Claro que ahora con el paso de los años, casi como antes, esto de no pagar se ha convertido en patrimonio de los importantes.
Más no hay regla sin excepción y para salir de lo grave de este asunto os recomiendo la exposición maravillosa de Alberto Rementería. CHICAS. En el Colegio de Abogados de Bizkaia. Rampas de Uribitarte nº 3. Esta vez el ojo complaciente del cada vez más humano artista, retrata la magnífica, larga, insuperable vida de los bancos. De los bancos de Paseos y de Plazas ciudadanas. El exceso didáctico de Alberto hace de esta exposición una nueva entrega del cómo, por qué y para qué el arte. Salud maestro.