
Decidí con Antón, ayer, poner aquí este testimonio. De Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro. Verdaderamente nos preocupan las mismas derivas.
"Dentro de algunos años alcanzaré la edad de mi padre y, unos años después, superaré su edad, es decir, seré mayor que él y, más tarde aún, podré considerarlo como si fuese mi hijo. Por lo general todo hijo termina por alcanzar la edad de su padre o por rebasarla y entonces se convierte en el padre de su padre. Sólo así entonces podrá juzgarlo con la indulgencia que da el ser mayor, comprenderlo mejor y perdonarle todos sus defectos. Sólo así, además, se alcanza la verdadera mayoría de edad, la que extirpa toda opresión, así sea imaginaria, la que concede la total libertad" (Prosas apátridas, 36. Seix Barral 2007).
Si alguna vez, un ojo educadísimo, crítico y certero, comisariara una exposición colectiva de pequeña escultura y contara, suponiendo, con esta que veis, debería pedírmela a mi. O a Maite que también le ha cogido aprecio. Es una silenciosa pieza que en su mixtura de materiales y pintura reposa en el "globe" que compramos en Almonedas hace años. Surgida del ejercicio del autor en el boceto. En el dibujo mínimo. En la capacidad de atracción del objeto artístico. Las cuatro rayas preparatorias de la acuarela. Los palos del sombrajo de los espantapájaros. La espina en el pescado. Su cultura y la intuición. Tan sólo en eso... En materializar tal vez el pensamiento. Hicimos una así, parecida, subida de escala hace años. En agosto. Frente al puente de Calatrava. Ahora el original, el físico, la maqueta, forma parte de la colección del artista. Diminuta también. Preciosa. Blanca. Como esta "Fábrica de sueños", silenciosa también en su reclamo. Pequeña, Chiriquiana, al decir de Bonet en el catálogo de Antón de este año en el Gustavo de Maeztu. Metafísica. "De abajo arriba", ¿recordáis?.
Están ya construidos los lugares: grandes, no tanto como un continente o el Mundo; pequeños, no tanto como una barca en Ruidera, en la laguna. Una barca de agua dulce. Cosa tan frágil. Sedente. Las personas, el hombre y la mujer son tan sólo, inicialmente, la escala, la cuña pericial para averiguar los contenidos de lo construido.
Luego, no se sabe ciertamente, como quedan huérfanos esos espacios. Grandes y pequeños y en desuso. Con suerte vigilados cortesmente por los vecinos colindantes, bulliciosos, que delatan también con su alegría el abandono. El brutal, doloroso abandono. Tan sólo en ocasiones, para el paseante ajeno, romántico abandono. Así reza en los papeles turísticos de Luso (Portugal). Pueblito construido al abrigo del palacio Manuelino de Bussaco y sus jardines espléndidos. Príncipe de las importancias. "El Balneario de Luso y centro popular de salud sumido en un romántico abandono"... Pero funcionando. Con sus mayores atendidos, sentados por allá los evidentes. No tan sólo esperando que el trámite sea lo más leve, lo más digno posible ...
Necesitaríamos nosotros un cercado cerrado, abandonado, de esos, para toda esta obra acumulada y de otros tantos artistas, amigos didácticos. Fundamentales. ...Y las mías.
Todas estas cosas que guardamos esperando ser mostradas como merecen, aunque eso no es problema. Nosotros esperamos también. Andamos juntos.
Me une a Antón un gran aprecio. Lo conocí porque él quiso. Afortunadamente. Caminante inquieto, luchador de sociales luchas. Partidario de propósitos imposibles. Solidario con los balbuceos primeros de los novatos. ¿El arte maduro?, ¿el arte joven?. "Que eso es lo que nos pierde en la vida. El brillo joven y el buen acabado", diría Antonio Saura a su hermana Angeles, en La duda. Galaxia Gutemberg. Solos también. Hay una edad que nos iguala a todos como género. La edad de los problemas. Cuando el trabajo no tiene otro camino que el de la acumulación y se sabe inédito, invisible, año tras año. Es una edad naturalmente, anterior a la edad imprecisa, rasuradora, del silencio eterno. Lo saben todos los que nos faltan, los que se fueron en silencio y los que lo dejaron escrito en sus diarios, en su correspondencia, en sus textos. De lo que se trata, ahora, es de aquello que te llama. A medio metro de ti. Y te recuerda lo que eres. Y seguramente te da un tirón, un pequeño calambre en la columna, por adentro; y te pone la carne de gallina. Un escalofrío. Y ocurre, también, con las canciones. Y te reclama. Para bien o para mal. Te reclama.
Me recomendó trabajar sin cansancio. Daba yo entonces mis primeras pinceladas. Recuerdo que con esa opinión, inesperada, di por bien pagada aquella exposición. Hasta ahora que tomamos café y unos vinos de tarde en tarde. -Lo que haces está bien, dijo. Receptivo. Sabía que había en sus palabras un tilde sincero, enfático, alargado en la "en". Bieénnn.
Siempre quise tener obra de Antón Hurtado y esta llegó cariñosamente. Motivada por no sé que celebración o urgencia de ánimo. Celebraciones. Fines de año. La Navidad nos hace frágiles. Nosotros tan ateos. Celebramos el frío que cala los huesos en Viloria, en Santa Coloma, Rioja arriba, allí dónde lo haya. El frío hermana, amigo. Y la pintura.
He de agradecer aquí a Antón la confección de la cabecera de este blog y el pequeño pixelado retrato del perfil. Comparece por esta casa alguna obra más que quizá formen parte de otra entrada en esta colección. Un paisaje colgado en un redondo sol surgido de una blonda de rosco de reyes...
Cuando por noviembre de 2007 me disponía a cerrar por inventario el espacio donde disfruté la residencia en Bilbaoarte, abarrotado de pintura, objetos, como participante de unas "Bodas de Camacho" donde se sabe que todo fue sobrado y abundante, llegó esta postal. Curiosa. Única de Ballycastle. Irlanda. Allí se fué el autor el último trimestre a buscarse. A encontrar motivo para sus nuevos cuadros, a comunicarse con nuevos paisajes y esculturas con latas de conserva. Pequeñas también. A adivinar acuarelas en sus acantilados y hacer suyos todos los pabellones redondos, enigmáticos que pueblan con marco rural el horizonte. Y es una obrita a la que le tengo un cariño irrenunciable. Por su sentido de la oportunidad, aquellas Navidades de 2007. Aquel invierno. Embalando, revolviendo en los poemas de Juan Eduardo Cirlot. "En la llama", Siruela, 219.
Cuando por noviembre de 2007 me disponía a cerrar por inventario el espacio donde disfruté la residencia en Bilbaoarte, abarrotado de pintura, objetos, como participante de unas "Bodas de Camacho" donde se sabe que todo fue sobrado y abundante, llegó esta postal. Curiosa. Única de Ballycastle. Irlanda. Allí se fué el autor el último trimestre a buscarse. A encontrar motivo para sus nuevos cuadros, a comunicarse con nuevos paisajes y esculturas con latas de conserva. Pequeñas también. A adivinar acuarelas en sus acantilados y hacer suyos todos los pabellones redondos, enigmáticos que pueblan con marco rural el horizonte. Y es una obrita a la que le tengo un cariño irrenunciable. Por su sentido de la oportunidad, aquellas Navidades de 2007. Aquel invierno. Embalando, revolviendo en los poemas de Juan Eduardo Cirlot. "En la llama", Siruela, 219.

Ahora que sigo conformando mi opinión sobre el Arte, que vivo, trabajo, leo con voluntad de hacerlo, confieso que hay algo que valoro mucho: la generosidad. No me refiero al hecho de dar o regalar. Es una postura que me reservo. Me refiero a que la obra en sí debe, para mí, ser generosa. En su realización, en su temática, en su armonía, en su desarmonía. En su interpretación. En su denuncia. En su rebelión... Con su montón de huesos el artista debe mostrar las dificultades que sufre su trabajo. Dejar huella. Andar en el punto más curvo de la recta.
Dice Plá en "Vida de Manolo"(Destino). En boca de Manolo Hugué: "De todos modos, es necesario trabajar, y lo que se llama cultura ha de servir, no para justificar los errores que uno comete sino para llegar a tener la malicia suficiente para no equivocarse nunca".
Intuición.
Leo cuando escribo y viceversa... subrayo. Tengo frente a mí el tarjetón de la próxima, inmediata, exposición de Antón en Bilbao. Dice ...al otro lado del horizonte. Y allí se puede ver un gigante que podría haber sido un 19x22 cm y sin embargo la idea primera y general será ¿dónde metemos este gigante? y me lleva esto de nuevo, personalmente, al pensamiento orfebre de Bretón: "Sólo es imprescindible lo inútil". Con generosidad.
Juan Manuel Lumbreras del 3 al 30 de noviembre.
Observación final: Lo mejor de Antón, Antón Hurtado.
¡Es tan difícil ahora encontrar una persona!
Julio Ramón Ribeyro. "Prosas apátridas", Seix Barral, 2007.