18 dic. 2009

La puerta amarilla. Portalón. A Albert Ráfols-Casamada.



Ensamblaje. Policromado. 30x26 cm 2009.

Escribo esto en el día de la muerte de Ráfols-Casamada. Tengo de él un dietario editado por La rosa cúbica que os recomiendo. Titulado Huesped del día. De ese librito notable saqué la convicción de que la abstracción es un "tratado de pintar el espacio que hay entre las cosas y no las cosas".

Adrede, me he demorado en las apariciones de esta ventana, desvencijada ventana del blog. Hablando de ventanas os animo a observar las preciosas ventanas procedentes de territorios chilenos que lucen en "Merece intentarlo", el blog de nuestro amigo, ya, Joaquín Calaf.
He demorado este blog, vertedero de mí, confesionario. He pensado estos días de atrás en todas las celdillas atrasadas, anteriores, de este panal . En su fugacidad. Y en su veracidad o no. En la rabia, en el cariño que se me fue con ellos, con estos textos, y tal vez no sea capaz ya de generar, de reparar.
Todo se reduce, tengo la impresión, a un homenaje a, otro más, mis propias, hilarantes rabietas. Al orden, tal vez, de cómo ocurrieron las cosas, conmigo ausente o presente y luego ... unos saludos, unos breves comentarios: de ánimo, ligeros, de solidaridad.
Me digo. A ver si así con la esperanza dormida y en actitud de espera; me voy enterando de lo que vale un peine. Dice Ferreira:

"Toda la época de ser hombre es un enorme filtro regulado por el destino. Y puede ocurrir que lo mejor de ser humano no pase por el tamiz y tenga que aguardar su turno."

Aguardar. Ahora que soy incapaz de recrearme en una, tan sólo una, postal navideña para felicitar, desear mejores tiempos, más paz, mas felicidad, más ... Declaro que no soy nada partidario de la Navidad. Acaso entiendo perfectamente esta NAVIDAD de Javier Aguirre Gandarias. Sal despacio. Hordago 1980

Es peor que ninguno este vino de Diciembre.
Hundidos por las esquinas levantamos el vaso
encima de los abrigos, en nombre de otras aventuras,
otros cadáveres que nos miran en la débil lámpara.
Hemos vestido luto para esta memorable ocasión:
En la memoria recolectamos el signo y sombra de los muertos
mientras un duende vomita en el fragor de la tasca.
Es Navidad y en la calle hórrida, al otro lado del ventanal,
un Niño-Dios nos anuncia sumariamente
todo el frío y el desdén de lo que nunca será.

Porque lo que yo quería era trabajar en el metal. Y anda la democracia a trompicones. ¡Ea!, pues que seáis felices, que todo vaya bien !!!!!!!!

"Pero dejadme siquiera
que yo prefiera la hoguera."
La hoguera (fragmento). Javier Krahe.

Os cuento. Antes de cumplir el servicio militar, en León, en Gijón. Fui de los que lo hicieron a regañadientes. Luego ya es sabido toda espera tiene su final. Trabajé en un taller manipulando el hierro. Cortando el dulce metal, soldando, montando los trabajos, puertas elevables con contrapesos de chatarra aquí, barandillas, pasamanos, quitamiedos allá. Corrigiendo, renovando, arreglando los motivos del paso de los años y la inevitable intemperie. Soy consciente de que de haber continuado ahí, en ese oficio no hubiera conocido a Julio González, al gran ilustrador en metal. Pero eso, su escultura magnífica en hierro, es otra cosa.
Porque lo que recuerdo vivamente es cómo antes de incorporarme a filas, en uno de esos trabajos fuímos a un cementerio, modesto, de pueblo. Los hay que no lo son. Más importantes y producen vida, ensoñación, y literatura y generan energia. Cómo el de Thiais (Val de Marné) donde reposan Joseph Roth, os recomiendo su libro "La rebelión" Seix Barral 652; Paul Celan; o el cementerio de Montparnasse dónde yacen Sartre y Beauvoir, Cortazar, Baudelaire. Según el magnífico libro de Edith Aron "55 Rayuelas". La otra orilla Belacqva. 24.
En el cementerio en el que trabajamos no fuimos advertidos de los notables que reposaban allí. Nos dijeron tan sólo lo que había que hacer. Es fastidioso que se dé por supuesto que los oficios más comunes no tienen acceso a los conocimientos divinos.
Era un modesto camposanto, costumbrista, de los que se alojan en la parte más baja de la niebla. Y allí hicimos la labor requerida. Éramos jóvenes en formación, oficialillos de tercera trabajando para la clientela más silenciosa del mundo. Y los huecos rectangulares de reciente construcción, unos encima de otros, ora cerrados, ora vacíos, fueron testigos de nuestra operancia. Tan jóvenes, con la cabeza hueca también como esos nichos. Y yo, que al poco tiempo, bendito tiempo de cerezas, cogí el petate y no volví. Porque al volver no existía ya el taller. Tal que así. Como si hubiera sido un sueño del que salí con un poco de paro.
He pensado, tesonero, que esto del blog es un poco así. Y no sé por qué debería ser de otra manera. Y que se pueden hacer trampas y pasar a cabecera las cosas y cambiar las ideas de fecha ... Pero se que el post dedicado a mi amigo Antón no volverá, por mucha prioridad que yo le de. Por cierto, él es el autor de esta foto. La puerta amarilla.
Rápido asume el ojo sus quehaceres. Nada volverá a ser como el primer día. Todo forma parte de un mundo ilusorio, lúdico, alojado en internet. Ese post y los míos.
Me recreo, me rebelo, así en la demora. Yo lo que quería era trabajar en el metal.

En Bilbao, a diecinueve de diciembre de 2009


4 comentarios:

Antón Hurtado dijo...

Carmelo, leí tu "post" el tro día, hace varios días, y también, casi acabé de leer el diario de Rafols. Me lo habías pasado tú.
No me di cuenta que hablabas de su muerte. No lo doy más importancia al hecho de morir que el de vivir cada uno de nuestros días.
Me gusta la frase que apuntas de él: -la abstracción es un "tratado de pintar el espacio que hay entre las cosas y no las cosas"-. Creo en ese propósito y me gustó su pintura, pero creo que él siempre pintó, a pesar de él, las cosas. Quien para mí plasmó ese mismo propósito en su trabajo fue el segoviano Esteban Vicente.
Creo en el espacio entre la vida y la muerte como algo vivido, pero no en el segundo siguiente, pero allá cada cual, si se han encontrado hablarían de arte y de este lugar común que vivieron.
Buenos días próximos.

Carmelo Camacho dijo...

Fue viviendo cada uno de nuestros dias, cuando di en el IVAM con una de sus muestras de obra reciente. Y habia que ver que bien manejaba el color, el sitio que le daba en la obra, sin estridencias. Sin puntas. Al final, sin saberlo él, de toda una vida dedicada a el arte. Me impresiono su silencio coloreado. Creo que la obra de Vicente es más norteamericana. Tambien lo admiro. Haremos bien si nos tomamos un cava en su memoria!!Comienza el invierno. Feliz Año Nuevo!! Salud, ante todo.

Antón Hurtado dijo...

Somos la hostia. Nos vemos todos los días y seguimos haciéndolo aquí.
El próximo bar en el que nos encontremos nos servirán cava si pedirlo.
Que no se derrame ni una gota.

Eduardo Alvarado dijo...

Carmelo, feliz navidad y un fuerte abrazo!

Visitar tu estudio fue uno de los momentos memorables de este año!