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6 oct 2011

El tiempo ido.


Con Eduardo Gutierrez Zuazo, un buen compañero. Bilbaoarte 2007
Fotografía de Joaquín Lara

"Mi memoria es ver lo que no vi"
Manuel Padorno.

"Ocurre lo mismo en todas las artes: a medida que avanza la tecnología, el humor decae. Los límites y las definiciones artísticas se difuminan, el arte se ve entonces obligado a satirizarse a si mismo tan agudamente que las artes plásticas se tornan literarias, y este es, amigos míos, el primer gran síntoma de su degeneración."
James Crumley. El último buen beso. RBA ediciones. Serie negra. 90.

Confieso que casi había olvidado que tengo este juego aquí, en el ala intrascendente de la casa. Claro que hay casas dónde este aparato que miro fijo, con evidente malestar, pasaría más desapercibido. Me refiero a esas multimétricas mansiones, casas con grandes espacios que disponen también de cuartos diminutos para estos aparatos con enchufe, para el lavado, planchado. Y almacenes de víveres, ajuares, herramientas, herrajes, aperos de labranza. Escopetas de toda índole y función. Munición.
La mansión de los Bloomsbury, por ejemplo, con paredes de múltiples colores añejos y papeles pintados muy ingleses, con libros ordenados por géneros y jarrones, supongo, de frescas flores dispuestos en las mesitas, en huecos de paredes y repisas cuando no existía el televisor.
Había olvidado, amigos, que tengo aquí pendiente este trabajo que me exige respuesta como carta prometida, que me exige responsabilidad. Las conversaciones interrumpidas producen desazón.






Quedan las enunciadas intenciones enumeradas al vacío como piltrafa. Como escultura efímera de papel-cartón. Trabajos manuales de toma de contacto - ¿A dónde vamos, de dónde venimos, quienes somos? ... Lo pasé bien en aquel curso impartido por el genial, generoso Bruce McClean. Un abrazo sincero de un alumno todavía impresionado. Recuerdo que esto ocurrió en 2007, al tiempo de la fotografía de cabecera.
Congelo, como veis el tiempo ido. Voy tomando anotaciones de lo vivido. En la historia que me acompaña mantengo a pie de página la partida abierta. El tronco del árbol durísimo inacabado de cortar. Pero paralelamente observo que aumenta mi sordera.
Durante este lapsus que se repetirá. Este silencio que alienta y alimenta he leído. Como si envidiara la tarea de los lectores de oficio o aún más placenteramente eligiendo los libros entre los que acumulo en esta abarrotada estantería de hierro y he escrito a regañadientes este post como ejercicio y reescrito como si fuera deuda imposible de pagar. Muchas veces he querido dar fin al juego pero transcurre la pintura en sintonía y, a veces, ha confluído en el momento mejor de la novela. Durante la primavera. Abrazando, sin remedio, amarilla al verano de los hombres y mujeres junto al río y los niños: un anuncio de niños que auguran, voraces, repetición.

"Cien monjas en un cerrillo y todas visten de amarillo"

Algunos me habrán seguido y se habrán preguntado que he estado haciendo: disipando dudas propias y ajenas. Esto es lo que he hecho. Leer. Estar mañana y tarde con el más fiel de los amigos, de aquí para allá acarreando un libro. Ernesto Mallo, Cornell Wooldrich, Gil Brewer, Jorge Ibargüengoitia, Antonio Smarketa, Domingo Villar, Eloy Tizón, Georges Perec, James Crumley, Pedro Ugarte, ...
He viajado en tren con Giordano y Simonetta Agnello. Un libro que me regaló Alfonso: Vida íntima de los impresionistas, de Sue Roe, me ha mantenido entero donde me resultó difícil estar. Los artistas agrupados o en soledad siempre las han pasado canutas. Y siempre, es ahora también, salvo contadas excepciones.

"El presente es el futuro del pasado" dice John Updike en La feria del asilo.

He leído con independencia de la velocidad a la que he ido. En un móvil metálico o sobre los desgastados zapatos que me terminan, que me acompañan en esta elegida atmósfera de las anticipadas vacaciones. Porque fuí un tiempo con Javier Aguirre Gandarias:

Vaca

Viviría en el país
de las eternas vacaiones.
Con un río y una vaca.

Sin mi mismo
no me importaría.

Y con un árbol.

Con un árbol
con un río
y una vaca.

Sin el árbol.
Sin el río
no me importaría.
Y tampoco sin la vaca.


No más
que esa piedra
y su fulgor,
no más
que esa piedra
dura y blanca,
ese fulgor
que la piedra
remite al cielo.

No más
que esa piedra
atenta,
concentrada
como un pájaro
y esperando,
quizás a que venga
la noche,
a un lado del camino.

Sumar y restar. 1993-2007 Ed. Bermingham.

Acaso mi memoria como en Manuel Padorno, consista en ver lo que no vi. De cía en el post anterior que vi a Pablo Milicua o mejor un gran oso magistral del amigo Pablo en Arco y no fué así. Lo vi en Arte Madrid. Y adjudiqué "Las pequeñas cosas" a Chavela Vargas. Ese entrañable, precioso tema, es del folclorista argentino César Isella. Me lo corrigió su compatriota Javier Rosado a quién saludo y animo en sus estancia en Madrid.
Prometí en alguna ocasión continuar, incontinente, con al listado de artistas que vi en Arco. Ahora, el tiempo ido, sé que hubiera sido un esfuerzo baladí; tan importante o tan leve como llevar los calcetines del revés. Conservo ese catálogo. Tan mudo como ese invierno de Madrid. Mantengo a su lado otro: La abstracción geométrica en Latinoamérica (1934-1973) América fría. Corresponde éste a la exposición que vimos en la Fundación Juan March en esas fechas coincidentes con las Ferias. Pienso que si hubiéramos empezado la visita por ahí la apreciación de todo hubiera sido diferente. Belleza y silencio se unían en aquellas piezas. Un numeroso grupo de artistas trabajando, mostrándose ahora como un fin concreto. Un muy buen propósito. Fascinante el tiempo que a su paso deja intenciones en suspenso para reunirlas luego y reabrir las esencias.
De nuevo estoy con los míos, con los cercanos, con los que no dejo de mirar ilusionado. Prefiero pensar que las batallas se ganan, o pierden, en el interior del taller. Me miro en el espejo de Padorno:

Canción atlántica

He trabajado en una carretera.
También he construido un árbol. Una
gaviota. Un pez. La luna al mediodía.
Tallé la nube rosa. También tuve
que edificar un vaso. Fabricar
algunos animales invisibles,
el pájaro de vidrio, enjalbegar
los cielos amarillos más azules.
Frecuenté lo infrecuente, decidido.
Y liberé mis manos, pies, orejas.
Construí sobre el agua. Cuerpo de agua.
Una patria oceánica. Una playa.
Fuí a trabajar en lo que no se ve.
En otras realidaes: el desvío.
Una luz diferente. Y tuve fiebre;
enfermé saludable, estremecido,
de la fiebre más sana todavía.
Trabajé la canción. En vida misma.
Una canción atlántica. Salubre.
El más dulce salitre, el más salado
de todos los azúcares azules.

Manuel Padorno. La palabra iluminada. Antología. Cátedra

Continúo leyendo. Con respecto a esta página, a este juego de aparecidos, la observo tras los ojos de Boecio cuando aparece en la novela de Ingrid Noll: Palabra de honor. Editorial Circe. "SI TACUISSES, PHILOSOFOS MANSISSES" - "Si te hubieras callado, continuarías siendo un filósofo".

Disculpas por la demora.

18 ene 2011

"Cómo se despliega en mi vida el delantal bordado de mi madre". Arshile Gorki. Cuento de Navidad.



"La busca". Mixta/lienzo 250x200 cm 2007

"no sé si es la luz que se hunde
o la oscuridad que sube,
si es la vida que se esconde,
o si es la muerte, esta noche
que al caer me sobrecoge"

Noche total. Fragmento. Ángel Crespo

"Uno se despide, insensiblemente
de pequeñas cosas.
Lo mismo que un árbol
en tiempo de otoño
se queda sin hojas"

La simples cosas. Fragmento. Chavela Vargas

NAVIDAD

Es peor que ninguno este vino de Diciembre.
Hundidos por las esquinas levantamos el vaso
encima de los abrigos, en nombre de otras aventuras,
otros cadáveres que nos miran en la débil lámpara.
Hemos vestido luto para esta memorable ocasión:
En la memoria recolectamos el signo y sombra de los muertos
mientras un duende vomita en el fragor de la tasca.
Es Navidad y en la calle hórrida, al otro lado del ventanal,
un Niño-Dios nos anuncia sumariamente
todo el frío y el desdén de lo que nunca será.

Javier Aguirre Gandarias. Sal despacio. Hordago

De vuelta por fin a la nada. Arriba en el taller están mis manchas de colores. Más oscuros cuanto menos limpio los pinceles, cuanto menos uso los trapos, aunque me son valiosos también para las esculturas. Las torres que crecen y crecen como crece mi propia incredulidad en estos días. Que crecen atestiguando no más que todos los días paso por allí, que ando bailando a veces entre esas paredes que antaño olieron a industria. Y estoy en esta nada saturada que también es un propósito firme y fiel y que es sorda, silenciosa a veces y excluyente. Camino de San Adrián. ¿Por qué tienen los barrios, los pueblos nombres de santos?, ¿será que el testimonio de la víctima es mas valioso?.
¿Y qué será la nada en el Diciembre de Viloria?. Me gustaría estar más cerca de Pol y Fina para darles un solidario abrazo en el jardín de entrada a la fragua. Mandaron una preciosa postal desde ese pequeño pueblo de Álava. Llegaron felicidades y buenos deseos. Uno especialmente, relleno de confetti luminoso que se desparramaba por el agujero quemado del 2011. Felicidades con esencia de Bucay ...
Este cuento es para Antón, Carmen Ruiz, Pol y Fina, Tere y Pedro José, Pedro y Mª Luisa, José Manuel García y Blanca Gascó que mandó dulces Reales por Seur, con nuestros deseos irreprimibles de felicidad y besos.
Y yo sin contestar a algunas postales, felicitaciones de Navidad. Pasaron estas fechas como visita inoportuna. Contanos durante todo el tiempo de los años con el cariño de nuestros amigos. Muchas veces en silencio. En el vivir diario contamos, también, con quienes se fueron. Hemos llegado al año impar como quién sube una cuesta. y de nuevo constatamos que todo ocurre muy deprisa. Así que ya estamos en Enero, ya vaciamos de todo las botellas y las depositamos, vacías, en su contenedor verde oscuro.
He subido a diario el camino que termina en el taller, alejándome del ruido, algunos días en el autobús. Apenas unos minutos de parada para facilitar que baje algún viajero en la falda del monte, donde parece que todo acaba. En esta última parada el césped empieza a ser tupido, natural. Me trae, este trozo de verde a la memoria las hierbas, el césped pintado de mi amigo Alfonso Gortazar: Los elegidos y ágiles, los empastados y saturados verdes que acompañan a los personajes que miran, que te miran absortos, habitados por no sé qué clausura o pensamiento, o quizá la presencia sesgada de Hopper o Morandi. Ese silencio. Los esmerados y elegidos verdes que dan pie ahora a sus arquitecturas atrabiliarias, a los cuadros surgidos de un sutil, rico y exigente anecdotario. El amor a la pintura. Diebenkorn y Mitchell compartiendo patio, catálogos, tiempo. Y llegado al humor, recuerdo, el dicho nunca viejo del gran profesor: "El paisaje nunca pierde, arriba azul abajo verde". Y me propongo: Nada será real sin esa búsqueda.
En estos días las personas se vuelven, si cabe, más frágiles; perdí la primera página de este guión, hablaba de mi hermano Avelino y cómo apareció pintado sobre cartón con un lema que dice: Avelino no está. Así me alejo de todo. Del cebo ilusorio de los escaparates. Me aconseja el horóscopo que me compre algo nuevo. Voy leyendo una novela nórdica, El invierno de los leones, de Jan Costin Warner. Destino 1187. Es una novela lenta, de ella extraigo este fragmento: "... bajó al sótano. Sabía dónde estaban las cosas. Lo sabía todo sobre el caos aperente de su sótano. Las bolas rojas que le había pedido estaban en una caja de cartón, junto a unos ángeles de madera y diversos Reyes Magos."
Y me digo, igual es una buena medicina contra la prisa. Si puedo con esto, podré después con Ludwing Wittgenstein, Tom Spanbauer, Valle Inclán ...

Tiempo de vida
Los días que madrugo, mientras tomo café recurro a los amaneceres escritos por Delibes. Lo he leído salir muy de mañana con los aparejos de pesca, con la escopeta al hombro ... describiendo el propósito y cómo se echa encima la mañana. A mi lo que me espera es el asfalto, la ciudad. Estos días he estado acompañado por John Fante. Leí Llenos de vida y, en efecto, parece la continuación de su novela de familia La hermandad de la uva. Anagrama. Panorama de narrativas. La habitación de invitados de Helen Gardner. Salamandra. Y el más recomendable de los libros si uno está involucrado con el arte contemporáneo: Tiempo de vida. Anagrama. Narrativas hispánicas. Siempre me gustó la obra de Juan Giralt y ahora su hijo Marcos Giralt Torrente nos regala el relato de la vida con su padre. Artista significado del arte español del Madrid de los 80, fallecido en 2007.
En una inauguración reciente me preguntaron, hablamos, sobre el precio del arte. Daban por entendido que era caro. Querían saber mi opinión. En unos segundos mi pensamiento hizo un zig zag y me puse en el lugar del artista que tiene un, dos, tres hijos y aún así pretende vivir de su pintura, que no de su trabajo que como es sabido es algo relacionado con ello. ¡Es de necios confundir valor con precio!. Me escapé. Tal vez el profesional de turno no encuentre en el libro de Marcos, el amor, el aprecio que he encontrado yo. Ahora me sirven de consuelo nuestro cuadros de Edu, Ana, Alfonso, Antón, Teresa, José Ángel, Ramón, Alfredo, Pablo, Merche, Alberto, Alberto Asprino, que nació en Maracaibo, lugar ideal para nacer y ... . Recuerdo con alegría "El cuadro más caro del mundo" de Edu López. Los títulos son autos de fe. Declaraciones sumarísimas de internas reflexiones. Confesión de la propia lucha o defensa de la impericia o lo que más nos importa del Universo, por eso he iniciado este cuento con ese título magnífico de Arshile Gorki. Os aseguro que el cuadro es todavía mejor.
Lecturas, pesquisas para regalo de "Reyes". Preparación, en suma, o ejercicio para ir llevando la vida, Llenos de vida, pese a los movimientos sabidos de los barcos.
Se me van acumulando las cuartillas como en el tragaluz de la puerta de Chesterton. Dicen que era perezoso y que su mujer se las cambiaba por comida. Ya poco importan las cuartillas perdidas. En este momento yo necesitaría cigarros.

"Reconocer que muero cuando mueres
que resucito cuando resucitas
hace ya tiempo que lo descubrí"

Trece fragmentos para un monólogo. II. (fragmento)
Jenaro Talens.

"La mayoría de las cosas en la vida son algo absoluto porque no nos queda más remedio que creer en ellas, tal y como creemos en una regla, por ejemplo. Pero si usted construyera una esfera, nunca podría saber si realmente es perfecta. ¿No es fascinante?. Nadie nunca lo sabría. Sin ningún instrumento, resultaría imposible de demostrar. Si yo construyera una esfera y le preguntara a usted: "¿Es perfecta esta esfera?" Usted me respondería: "¿Cómo voy a saberlo?" Yo podría insistir en el hecho de que presenta el aspecto de una esfera perfecta. Pero si usted la observara detenidamente, al cabo de un rato diría: "Creo que aquí está un poco plana." Eso es lo que me fascina: hacer algo de lo que nunca pueda estar completamente seguro, ni yo ni ninguna otra persona. Yo nunca lo sabré y nadie más nunca lo sabrá.
¿Así es el arte?
En efecto. Esa es su esencia.

Willem de Kooning. Entrevista con Harold Rosenberg 1972.

Os traigo aquí esta segunda imagen. Recuerdo de Estremoz. óleo/tabla 21x23 cm 2011, para demostrarme que la búsqueda se mueve. La Tierra se mueve.
Obedeciendo los consejos del horóscopo compré Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente y el catálogo de Willem de Koonnig. Ed. Polígrafa. Del que he sacado este fragmento de entrevista. Mandé reparar pantalones a los que inevitablemente he cogido apego. Tanto tiempo con uno, tan cercanos, a 10 € el parche. Podría echarlos para trapos, pero si soy sincero lo que creo es que adoro la actitud de mi madre y su preocupación porque no fuéramos rotos. Pobres pero limpios, curiosos y con buena disposición de ánimo ¡cosa difícil!.

Una llamada de Ángela nos comunica que mamá está en el hospital. Como cosa de la providencia Avelino había vuelto a casa hace días. La pintura que inspiró sigue teniendo vigencia en su cartulina tamaño academia, porque alude a todos los momentos que le eché de menos. Una sensación de pérdida con difícil solución. El teléfono no dejará de ser para mí un elemento extraño. Es mucho mejor verse, vivirse. Desde él, dice mi hermana que tiene malas sensaciones, que ha visto a muchas, siempre son demasiadas, personas morir.

Según estadística, el poema más célebre en lengua castellana es Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández. Recordad:

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como el rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

(fragmento)

Poema al amigo en la fosa. Es cierto que el dolor aflora cuando una parte de la vida te es arrebatada. Es algo así como si te extirparan un miembro, cuando desaparece el amor, una parte del amor para no verlo presente jamás.

Me marcho a Valdepeñas con una pequeña maleta. Voy a ver a mi madre al hospital. Ingresó con una gran deficiencia respiratoria. Ocurrió hace días y parece que va saliendo del atasco. -Tiene muchas ganas de vivir. Dice Avelino. Llevo poco equipaje. Utópico o ilusorio, pensando en las situaciones que se contemplan en los libros voy acumulando leídos o repetidos, con el fín de establecer en la parte de arriba de la casa una biblioteca. ¡Otra!. Maravillosa la labor que hace el mercado del libro viejo y mi amigo Enrique. ¡Ninguna casa sin libros! me digo.
Llevo para mí los que tengo a mano. Suficientes para pasar el rato del tren y alejarme del dolor, para estar en otro lugar además de en la habitación, la noche en vela con poca luz, del hospital. De nada me sirvieron, pués acelerado, en una tarde lluviosa los dejé en casa para dirigirme a hacer lo que me había llevado allí: reconocerme en mi madre y besar y abrazar a mis hermanos. Aliviarles del cansancio acumulado. Día y noche recorriendo un camino inusual. Cuando llegué, mamá estaba muy recuperada, con un respirador; pero muy cansada, agotada en el esfuerzo de sobrevivir. Eso si, con un humor excelente, como siempre. Alegre como si estuviera recién llegada del campo hace sesenta años. Reconozco en eso la gran y única fortuna de mi madre.
-Saldremos de esta, me dice Avelino y ella asiente muy conforme.
Así es, al día siguiente la mandaron para casa. Renovada, asustada, como surgida de una mala y antigua pesadilla.
Hace años descubrí un poema de Ángel Crespo similar al de Ramón Sijé. Seguramente menos conocido, pero hecho también desde el dolor por la pérdida de un amigo. Lo he traído en el viaje. Quería transmitírselo a mis hermanos, a mi madre:

Un vaso de agua para la madre de Juan Alcaide

Te recuerdo callando entre mujeres
mientras tu Juan, ya huésped de la caja,
aguardaba los puentes de la tierra.

Yo no le quise ver porque me daba miedo.

No porque de la muerte me estremezca
ni un muerto me dé espanto,
sino porque era Juan con su calva y su frente
y con sus labios gordos y sus manos helándose.

Entonces me dió miedo de estar en Valdepeñas,
de haber llegado en tren por la mañana
y haber bebido vino antes de verte.
Porque tú estabas, blanca, en una silla
sin pronunciar un verbo
y con gesto de nunca.

No sabías

si estabas en tu casa, si de lejos
veías tu tejado, negro ahora.

Transitaba la gente por el patio

y tú, entonces, pensabas
en camisas planchadas y en pañuelos;
en perfumes de flor y de maderas,
y en nada de la muerte y de su prisa.

Cerca estaba tu hijo:

fuerzas hacían por alzarle algunos.

Ángel Crespo. Antología poética 1693. Alianza Editorial

Cuanto más vida tengamos, conoceremos más poemas. Son necesarios.
Mamá procura, ahora, en compañía de Avelino, Ángela y Carmelo, seguir siendo protagonista de su propia historia. Reaprender a andar, débiles las piernas por la cocina. Recuperó la voz, la palabra, sus ratos de plancha sentada en la cocina, dice que es algo que aprendió con los partos. ¡Tantos!. Sigo echando de menos sus remiendos magistrales. La vida real, la cotidiana, ha decidido que vivamos lejos, pero para eso también tuvo solución mi madre. Decía con arrojo y no poca pena: ¡Cada mochuelo a su olivo!. Sabiendo, por el campo, que el olivo no es el árbol ideal para refugiarse. Lo decía hace años, pero yo sé que nunca dejó de soñar, como yo, con la unidad familiar: una mesa gigante en la cocina. Un juego de parchís con ocho colores. El papel plateado para el río en el belén, para la estrella. Ahora mientras sigo la busca de no sé qué, sin prisa, que se materializa en estos cuadros, papeles, tablas, ... Agradezco todos los días, a luz de flexo, cada taza, plato, cuchara, vaso de agua que mis hermanos mueven para el bienestar austero -no dan más las cepas- de mi madre. Por muchos años. Independientemente del fulgor, la estabilidad, la grandeza o la belleza, el precio de los cuadros. ¿A quién le pasa desapercibido todo esto?. Salud, mucha salud.























5 dic 2010

El paraíso azul


"El brillo joven y el buen acabado". A Antonio Saura. Acrílico/lienzo 250x200 cm. 2007

"Prepárate para ser el hombre que viniste a ser, si puedes. Falta poco. Entonces te van a acusar y no podrás defenderte. O te van a ensalzar y no podrás alegrarte. O te van a olvidar y no sabrás que te olvidan. Prepárate para ser un hombre cuando ya no puedas serlo. De hecho, no sabrás si lo eres, ni lo malo o lo bueno que dirán de ti, o la grandeza o la miseria con la que te cubrirán. Pero apréndelo ahora ante la posibilidad de lo que serás. Prepárate para ser un hombre. Ahora. Ya."

Vergilio Ferreira. Pensar. Acantilado 138

Entre todos estos libros, sobre mi mesa, de Neruda sospecho que el Paraíso tiene que ser azul. Lo creo con mayor convicción después de conocer aquel cuadro de Miró en azul deslavado que pudimos ver en el Guggenheim. Así me lo ha parecido siempre y así se muestra cuando hace fondo en algunos santos de calendario. O en estampas que prometen un socorro azul. Es posible que sea un evanescente, inmaterial azul, sin color apenas. He acertado a verlo en algunas sobremesas en el mar con irisaciones verdes y blancas. Lo he visto en imágenes televisivas. Nunca he estado mar adentro.

"De consumida sal y garganta en peligro
están hechas las rosas del océano solo,
el agua rota sin embargo,
y pájaros terribles,
y no hay sino la noche acompañada
del día, y el día acompañado
de un refugio, de una
pezuña, del silencio."

Fragmento. El sur del océano. Pablo Neruda.

Y, sospecho, que no se tocan las personas en el paraíso. Tan sólo deambulan de un lado azul a otro eternamente felices. Ni se saludan, ni se pegan. Tan sólo se cruzan sin cederse ni estorbarse el paso. Inmateriales. No caminan con celeridad, ni se sientan en bancos cabizbajos. Allí no hay pesadumbre. Oxigenados respiran un paraíso azul más grande quizá que el Universo.
Transcurrido el tiempo parece, a veces, que algo no preocupante ocurrirá. Entre algodones, pero ahora en la seguridad de que todo lo que ocurra será bueno. Celestial. Bondadoso.
No hay palabra ni derecho a réplica. A pesar, como dicen, de estar lleno de personas. Algunos piensan allá arriba que la palabra es un tiro. De gracia.

"No saber nada que sea ajeno:
Mientras dura la repentina caricia
y, con los ojos cerrados, advertimos la excelsa mejilla
de otros cielos que sobreviven a éste."

Caricia. Javier Aguirre Gandarias. Sal despacio. Hordago.



16 ago 2010

Un camión de hormigón, un papel de caramelo



Un camión de hormigón, un papel de caramelo.
Mixta/lienzo. 200x200 cm. 2007

Hicimos pausadamente lo que vinimos a hacer aquí. Nos faltó gas en la bombona o el problema era de la candileja. Volvió nuestro amigo de Madrid con un buen resultado. La vida consiste en dormir en colchón prestado, en una preciosa habitación con mesitas castellanas, lámparas y libros en los estantes. una cómoda con algunos cuadros, forman el decorado. En las paredes se deja notar la arquitectura de esta antigua casa. Luego de dormir añorando el propio colchón; enamorados por el hecho de compartir cabalmente el todo del día. desayunamos repetidos cafés y un pan redondo y plano. Un pan aceitado, que aquí dan en llamar torta. Muy rico. La pareja de panaderos jóvenes tienen modos y aspecto de estar siempre recién casados. Ostentan el negocio con capacidad y el ánimo primordial y transparente del laborioso Benjamín. La Bondad. El abono de este pueblo, que este año no recogió, las pagaban a 30 céntimos en el mayor, sus cerezas.
Leemos el libro que dejamos parado en el mejor momento anoche, cuando nos usurparon la tranquila presencia del silencio. Los jóvenes son jóvenes. Los pájaros son pájaros, decía Evaristo. Se reunen en el soportal de esta añeja casa al abrigo de un banco que llegó hasta aquí del cercano paseo de la princesa Cristina de Noruega. Junto a la Colegiata. Un banco de noche para procurar el inicio de los primeros cigarrillos, porros, besos. Un banco de parque, de paseo. Que camina a voluntad de los imberbes o los maliciosos. O los sencillos. O los corajudos folclóricos amantes del lugar y las cigüeñas. Este año hay tres.
Unas horas después de despertar nos socializamos en busca de comida. Quiero decir, de ésta manera todos sabrán que estamos en el pueblo. Los pájaros son pájaros. A los ultramarinos. A comprar el pescado, buenísimo si está bien elaborado, y todo lo necesario. Estamos en Burgos y queda la historia viva entre sus adobes y muros. Hay una chacinería estupenda. Morcillas bien especiadas, como con alegría. De arroz. Como si estuvieran avaladas por el silencio, la naturaleza, que nosotros venimos extrañando. Disfrutamos del aroma de los tomates recién regados. La visión ocasional del juego de unas ardillas en una sabina, arrullada por el riego del aspersor. Emulamos así la vida del campo de Verga, Pavesse, Delibes. Y Saramago cuando nos dijo todo aquello sobre Portugal. Adormecemos aquí nuestro afán de conquista. Nos tranquilizamos, por pocos días. Hay tabaco y periódico, regaliz en barra para los que dejaron de fumar. En el estanco puedes seguir jugando a hacerte rico. Y comprar novelas y otras innumerables mercancías. Dos horas después nos vamos caminando hasta la finca. Apenas 1400 m. manejables, la medida ideal de la intimidad. Domables con el agua de riego constante y una caseta de obra metalizada. Llegada en camión. Esos camiones que sacuden estas carreteras. Con una docena de frutales de poco riego y un símil de huerta suficiente. El secreto está en el pozo, de ahí manó agua, según nuestros amigos, gracias a San Antonio y 3000 €. Peor hubiera sido si el pocero se hubiera cegado en tierra o encontrado un teso de yeso cristalizado, o una valija, amor o un osario. O una tesela, o un denario. Un ápice de camino romano cruzado en su búsqueda.
Y hay también unos álamos gigantes a la derecha, al fondo. Una decena de arbustos bien crecidos. Arborescentes como pira que no apagara nunca. Unos cipreses dándonos, dandys, la bienvenida siempre. Un manantial de paz en tres palabras. Con independencia del chapoteo de los chiquillos del lindante camping de reposo y piscina. Y su discreta y respetuosa megafonía. Pienso que en otros lugares sonarán músicas del verano de sol a sol. Obligadamente alegres. Repetitivas. Aceleradoras del transcurso del día vacacional. Músicas que dan sed para acabar con todo el dinero que llevamos en el bolsillo. Pienso que en Agosto no hay música mejor que la que produce el roce de las ardillas en sus saltos de plátano a sabina, de sauce a cerezo viejo. El almacén de comida ideal para estos bichos de cola larga. Ni música mejor que la boca de riego manando agua. O que la tijera de poda cortando madreselva, eso verde muy ramificado que todo lo atrapa, como la vida. O la propia música de los textos leídos en silencio. Cerebrales. Los tan queridos artículos de Muñoz Molina. Los recordados de nuestra querida ausente Mercedes Soriano. Seguro que ahora le hubiera gustado compartir con nosotros armonía. O utópica independencia. O la música misma del suspense que no termina nunca. Preparándote para ser buen espectador del desigual e inquietante cine televisivo.
Una parte del día se ha ido con estas notas y nos espera darle vida a la herramienta. Sellar la tela asfáltica, coger unos cubos de caduca cereza no recogida. Simplemente sentarnos a ver el campo o los ojos del puente sobre el Arlanza en su magnífica y muy necesaria construcción. Cinco bares hay en este pueblo y no los hemos visto en esta ocasión. Con esta lentitud el bien o el mal no existen. Pero el bien nos lo llevamos con nosotros engarrafado en cinco litros de vino de Evaristo. Clarete Rachel de cepa, de palo centenario. Muy fresquito al paladar, sin nota de malicia.
Y ahora quiero recordarte amigo Antón, cuántas veces rememoraré a aquel artista. Parado en el sur de Francia, por una huelga de transporte en la frontera. Usó para su trabajo la imagen de la habitación que le había correspondido. Allí elaboró el pintor una nueva e interesante versión de los cuadros que le tocaron en suerte: cisnes, ciervos. Miel sobre néctar de brezo. La maravilla con fuego bajo en su interior. La vimos en Vanguardia...¿recuerdas?.

30 abr 2010

Pamplona. Exposición de Deproart.



Musgo II, 22x18 cm 2010

estoy rodando una revolucioncita
estoy rodando una linda revolucioncita
ya no soy ni mucho menos de tierra
que vuelvo a ser de agua
llevo espumantes crestas sobre la cabeza
también llevo en la cabeza espectros tiradores
sobre mis espaldas reposa una sirena
sobre mis espaldas reposa el viento
el viento y la sirena cantan
las crestas espumantes borboritan
los espectros tiradores caen rodando

estoy rodando una linda revolucioncita zurridora
y yo caigo y yo musito y yo canto

Lucebert

Siempre es buen momento para recordar a Lucebert. Su poesía es maravillosa. Parece surgida de un pincel. Mañana voy a Pamplona. 1 de Mayo. Como todos los artistas: trabajando. Inauguramos el 10 de Mayo en Deproart. El nuevo proyecto de José Luis Mayor y otros. Colectiva. Con Antón Hurtado-pintura, Virginia S. Itoiz-pintura, Dik Rekalde-fotografía, Juan Sukulbide-pintura, A. Álvarez Lizarbe-escultura, Ricardo Azkagorta-escultura. Es una colectiva distinta porque todos los autores presentan varias obras.
Deproart está ubicado en el polígono de Mutilva Baja. Calle 0, nº 32. Salud y suerte.

23 abr 2010

230 poetas. Petit Hotel Palacio de Arana



230 poetas. Apenas dejo un resquicio de luz entre escrito y escrito. Celebro que estoy terminando una amena obra de Veit Hainichen. Los muertos del Carso. Siruela 121. Policíaca. Me compraré más de este autor. Los hechos se desarrollan en Trieste y alrededores. Lugares desconocidos para mí. Allí paró Libe. Esposa multifacética de Leonardo Gª de la Mora, hermano de Pedro José y políticamente de Tere Carcedo, que ya son de esta casa. Libe, nuestra amiga de vuelta en autobús desde Bulgaria. Accidental vuelta en autobús. Alternativa pesada y costosa al avión parado por el volcán ceniciento de Islandia. Pesada y peligrosa alternativa fraguada muy lejos. Donde los hombres, caprichosos y salvajes, no hablan a las mujeres. Hay mundos peores que el peor mundo imaginado. Todavía tienen paño para escribir los autores. Los defensores de una tierra más justa y equilibrada. Leo en la calle un cartel para las jornadas de la Tierra y su viñeta de Quino "Seguimos construyendo la destrucción del futuro. Rogamos sepan perdonar las molestias". Es, como sabéis, el mismísimo creador de Mafalda.
Sigue pasando el tiempo. "Nos vamos haciendo viejos" dice Silvio Rodriguez en sus memorables letras cantadas. Inexorable e impacientemente estamos metidos en el reloj inmenso, rojo de Anish Kapoor, como cera, como masa derretida, como magma arrastrado por un agigantado minutero que crea rebaba a su paso. Impresionante su exposición en Bilbao. El Guggenheim es hoy un lugar dónde ir a quedarse. Estupefacto y quieto durante días, con sus noches vascas aún frías. Pobres los que tengan la calle como tejado. ¿Qué le ocurre a un corazón cuando no produce amor?.

O 231 poetas. Me pidieron pintar la columna del Petit Hotel Palacio de Arana, en la Ribera con Bidebarrieta, junto al Arriaga. Allí me fuí con mis bártulos y la idea primera de la democratización del ingenio, del genio. Lo que hay que hacer. "Después vendrán las flores, ahí está el juego ... " escribió Edu López. Ahí os muestro el trabajo, como una parte más del mobiliario de la recepción, porque fué así como se hizo. No en las mejores condiciones, con el espacio a pleno rendimiento.
Y así firmando salimos del apuro, de la vergüenza. Como salimos del funeral de Tasio. Avergonzados de ser tan efímeros, tan frágiles, tan débiles. Él luchó de lo lindo. Trabajó duro. Él nos hizo la casa dónde escribo. Un hombre que tenía un tratado propio de las buenas formas. Una de las txapelas mejor vestidas de Bilbao. Espéranos en el cielo, en el mar o donde tú quieras ... Reencarnado me gustaría encontrarme con él, con Paco y con mi padre, con el tío Roberto "Pesuco" porque le vaciaron un ojo con ese elemento del juego de la Tángana manchego. Y con Iñaki Villanueva "Peloduro" que se tiró de una ventana o lo tiraron apareciendo en el maltrecho patio de una comunidad de vecinos de la calle Cortes. Lo homenajeo constantemente con mi actitud de llevar el pelo largo. Claro que el suyo era rubio. ¿No os lo había contado?, fué con él que trabajé en aquel cementerio. De muertos anónimos, poco célebres. ¿Qué le pasa al corazón cuando no es capaz de producir amor?, ¿qué le pasa?.

Hay una reunión de poetas en cualquier lugar, cada uno a su modo dice las cosas. Sin actividad contable y faltan muchos. Hay uno que es el primero. La bondad de sus letras es proporcional a los trabajos publicados. A la importancia de su editorial. Muchos viven de la poesía, excepto los poetas. Os prevengo del sueño de los editores. Y de los editores que bostezan. Los poetas entre tanto viven. 24 horas en la acción de arrastre del minutero del tiempo.

232, 233, 234 poetas y Uno, William Ospina

NUESTROS MUERTOS

No están en parte alguna,
ya son hierba y estrellas,
pero su sombra enturbia las palabras
y sólo a veces pasan por la mente,
vagan por nuestras almas, reclamando
lo que nunca les dimos.

8 feb 2010

Datos y prolegómenos de una exposición


Juegan las mascotas, mixta/lienzo 200x180 cm. 2008

Don del mundo

¡Qué maravilla el mundo!

Se nota
que está hecho a toda prisa,
como un don de amor inmenso,
en siete días.

José Jiménez Lozano. Elogios y celebraciones. Pretextos 743

"Un buen método de aproximación al hecho creativo y a su comprensión, sería el de observar una serie de contenidos psíquicos desde un estado de profundo silecio. Una especie de test que abordara aspectos psicológicos tales como estar ...
Asombrado, tal vez maravillado, distante, pero a la vez dándose cuenta. No apegado, conocedor, armonioso, con ganas de tararear buena música, testigo de uno mismo, no erudito, relajado, vacío y lleno, luminoso y oscuro, ni lo uno ni lo otro, desidentificado, sin avidez, sin perjuicios, sin codicia del resultado a obtener, con la mano libre de expresar lo que ella quiera, etc.
La actitud meditativa, silenciosa que abre todas las puertas, va contracorriente del movimiento aparente de la vida, que es lo superficial, lo epidérmico."

Fragmento de un texto de Juan Mieg, Enero 2006 para la galería Juan Manuel Lumbreras

Confieso que este texto de Mieg es uno de los que más me han interesado en los últimos años.
También que esta mi nueva exposición en el Colegio de Abogados de Bizkaia, no se hubiera realizado sin el trabajo de representación de Pedro Fraile. Persona en la que delegaré en el futuro parte de mis apariciones.

Como si lo hubiera pensado. Antes de todo. Ha surgido como si hubiera formado parte de un sueño. Reparador y corto. Todos los días con las horas a mi favor. Como si el trabajo, realmente, hubiera estado hecho. A la vez que la obra, los cuadros. Y sólo faltara mirarlo adecuadamente. Disfrutando.
Apenas unas rectas de rodillo aquí y mañana todo será más blanco. Y se percibirá de inmediato el empiece, la voluntad de hacer, de ser. Esto no es una operación a corazón abierto. Siempre lo dije. Es, tal vez, un juego. Algo lúdico que puede ir más allá de la paciencia de los dioses. Y en todo caso algo, he aquí el consuelo, que tendrá presencias sucesivas.
Y es tal que así porque me he empachado de solidaridad. De la capacidad de ayuda de amigos muy cercanos. Con celeridad vinieron sin pedir nada a cambio. Excepto un café, un vino y la musa compartida como música que amansa a las fieras. Para izarme de pronto con el cubo lleno. Vino Joaquín Lara tras un manto de nieve desde Vitoria, a realizar un sin fin de fotos como si fueran suyas, las únicas, las últimas. Con lo mejor de sí y unos extraños focos muy domésticos. Involucrándose, emocionándose con cada pieza igual que cuando concurríamos a los Gure Artea de los primeros 90 y montábamos las telas en su bastidor a las afueras de Fadura ¿recuerdas? y comíamos bocadillos como los albañiles, a pie de obra.
Antón Hurtado maquetando, haciendo paseable la belleza. Por más que sea convulsa. Esta belleza, poca, de lo otro. De lo nuestro, que pretendemos con toda la verdad que sea distinto. Bordando de nuevo un catálogo con esmero, con mucho conocimiento. La vanguardia es mañana pero habrá que dejar apuntes de lo al hoy conseguido.
Y Eduardo López. Maravilloso texto. Actualizando un texto suyo de Diciembre de 2004 que no he querido que vaya al cesto de los papeles. Al olvido. Aquel se entregó en mano en mi exposición "Gracias por las flores" en la desaparecida Bilkin. Este irá editado y tal vez así consigamos que sea perdurable.
Sustituyan mi nombre, ustedes los artistas que se plantean la pintura como yo. Porque es un texto universal. Como poesía. Eso creo que es la poesía: conseguir verdades universales. El antes y el después de lo vivido. El presente es una consecuencia.
Así se portan conmigo mis amigos. ¿Qué más se puede pedir?. No puedo hacer más que agradecerles mi calma, mi sueño reparador. Y renovar con ellos mi compromiso.
Me cogen estos días leyendo a Tápies y me siento aún más defendido. Es un señor que durante años defendió hasta hartar el arte otro, que dice, acuñado por Michel Tapié. Recuerdo su exposición en Rekalde y el estupendo vídeo en el que se le veía trabajando, pintando telas inmensas en el suelo. A su manera en su torre-estudio de ladrillo. Mirando la obra desde arriba en la balaustrada. - Corta ahí. Y el ayudante montaba una gran escuadra en el suelo y a golpe de cutter fraccionaba de un tajo el expresionismo. Arte al peso. A medida. ¿Cuánto pesa el artista en el volumen del mundo?. En ese ápice valorable Tápies se encuentra bien. Y nada que se nos ocurra, que ocurra, le es ajeno. Dice: Porque, como dijo un gran amigo de los trobadores, pero también militante en las "sacudidas de la historia" más reciente, nuestra tradición auténtica ha sido siempre el sentido de la libertad.
Recuerdo también su magnífica exposición en Carreras Mugica con trabajos recientes, entre 2004-06. Con obras, esta vez, afectadas de ternura. Sorprendentemente limpias, breves. Dos botellas trazadas en una suerte de arena sobre una tabla. Demostrando quizá que somos muchos los que lanzamos socorros al aire. Al agua.
Reitero que me he sentido muy acompañado en estos días, sacando a la luz un catálogo que era el más temeroso escollo para mi. Un hombre como yo. Primario. Confuso. Cargado de ilusiones. Imposible hubiera sido sin los mencionados amigos. Imposible, en esta ocasión, sin Ikeder y el Colegio de Abogados de Bizkaia. Está en las Rampas de Uribitarte.
Lo que se de mi ... tan sólo,... ha comenzado. Se podrá visitar desde el 25 de Febrero y estaré con vosotros el 11 de Marzo a las 19,30. La casa pondrá un vino. Salud. Saludos.
Bilbao, a 11 de Febrero de 2010.

21 ene 2010

Lo que sé de mí... tan sólo - I


El estado de las cosas. 2007. Tríptico. Mixta sobre madera. cm un montón.

"Desde el momento en que empecé a pintar la figura, mi concepción del arte cambió radicalmente. Quizás no en su sentido estructural más evidente, pero las figuras distorsionaron mi idea de ambiente y de interior y también de la composición en sí. Y eso me satisfizo, porque esa sensación no se consigue con la pintura abstracta... En la pintura abstracta uno no puede enfrentarse a... un objeto o una persona, a la psicología que se concentra en una persona frente a la ausencia de cualquier figura que ella representa... Y eso es algo que echaré de menos en la pintura abstracta porque nunca podré conseguir ese tipo de diálogo entre varios elementos que pueden llegar a ser... tremendamente diferentes, que pueden estar en oposición o en agudo conflicto".
Richard Diebenkorn. "El experimento Velázquez" Michael Gruber. Alfaguara

"Todo artista lleva consigo una palabra para transmitir. Pero pobre de él si la conoce. Si la sabe."
Vergilio Ferreira. Pensar. Acantilado 138.

Otros aprendizajes
No dejaré pasar la oportunidad de hacer que se respete al individuo. Es por eso que aprecio más el arte otro. Lo busco. Así definía Tapies el suyo en 1955, "Estoy aquí por el arte otro" y cuenta el artista catalán que ese término lo acuñó Michel Tapié. El arte terapéutico. El arte bruto. En la novela Los confines de Trapiello, que leo ahora, al protagonista lo secuestran por tan sólo unas horas. Inagotables. Casi un día, noche incluida, en la noche que se ve cuando te ponen una bolsa negra en la cabeza, y te ciega los ojos pero no los demás sentidos. Ceguera, tal vez, como la de Borges que veía más allá de la visión. Me maravilla su conocida foto en la que sigue el salto de un gato.
Apelo a la fe que destapara Abigail Laskoz en Diciembre de 2004. "El que disfruta el arte y la cultura tiene un poquito de fe".
Nuestro tío Pedro ha muerto con 92 años. Acabo de hablar de ello con Pepe. La última vez que lo vi hace tres años aparentaba tener sesenta y pico o menos. Siempre lo recordaré así. El caso es que ya no está y mando mi pesar a mis primos. A todos ellos que andan por Andujar, Madrid, Valdepeñas. Me siguen pareciendo muchos años para un señor que andaba de casa al cercado en bicicleta. Transmitía serenidad y paciencia. Él velaba de reojo por nuestra educación. También conoció a Juana, la mujer del tío Saturnino. Era calderero menor, trabajaba la chapa y el cinc en un taller pequeño entre la plaza Mayor y Balbuena. Fue mi primer aprendizaje paralelo a la escuela. En realidad si había algo que aprender era la obediencia, pues el tío Saturnino lo tenía siempre todo hecho. Trabajaba con sigilo de relojero, con unas tijeras para chapa que cortaban muy bien. Hacía unos hermosos cangilones para las norias, perfectos, iguales, con dos o tres agujeros en el fondo para la transmisión del agua. ¡Qué maravilla!.
Iba de pequeño a ayudarle, a verle, en vacación. Tuvieron la idea entonces de fabricar recogedores de chapa reciclada de latas de aceite. Azules, verdes, amarillas. Saturnino se hacía con las latas y las reconvertía en otra cosa, con un agarradero de madera bien labrado en la empuñadura. Me encargué de venderlos en la calle Sevilla. Creo que es la única cosa que conozco de esa ciudad. Suficiente. La calle estaba en la salida empinada del mercado, en el centro del pueblo. Daba cobijo a los puestos provisionales, especias aromáticas, muy codiciados plásticos, flores, herramientas y los jueves venía de no se qué lugar un botijero. Creo que los cobraba, los recogedores, a cinco duros. Alguno quedará allá en el pueblo. Antaño se hacían las cosas para siempre.
Esa temporada iba los domingos, muy independiente, a comer a casa de la tía Juana. ¡Qué era un piso!. Les conocí otro que daba al Cine Parque de verano, desde la ventana de la cocina, subido en un taburete, pude ver alguna de romanos, del oeste, de Fantomas, a pantalla grande. Disponía la tía Juana de una cultura muy doméstica. Respetable. No decía ni mucho ni poco. Era discreta. Disfrutaba creo de la situación industrial de Saturnino, porque no es poco no tener que depender del campo. Hacía la tía, una sopa de estrellitas deliciosa, todos los domingos. Y siempre estaba igual de buena cuando le ponía unas resucitadoras gotas de limón. No tenían hijos. Me querían. Yo por mi parte adoraba a Saturnino porque tenía un local con una puerta a su medida y siempre que iba a verle estaba sentado en una silla a la que le había cortado las patas. El taller era pequeño, suficiente para que el tío se arreglara bien. Algunas veces salíamos a trazar una chapa en la calle y yo me sentía muy bien haciendo cosas de adultos. En ocasiones, iba a por la chapa grande a donde Enrique, su hermano, que también era chapista o calderero o cosa parecida. Los dos eran muy serios. Me daba el pliego de chapa requerido y me iba yo con aquel aspa que con el movimiento sonaba a concierto de serrucho. Con el aire. La fachada del tío Enrique, de ladrillo rojo, era la más bonita, la más bella del pueblo. Ladrillo estrecho con llagueo de un dedo de arenisca. A puerta cerrada y con las contraventanas de madera puestas el paseante forastero no sabría si aquello era un taller o un convento. En aquel entonces a las casas no se les llamaba arquitecturas. En aquel entonces los artistas plásticos se hallaban lejos. Gregorio Prieto, en Grecia o vaya usted a saber, Francisco Nieva, en París, en Madrid o vaya usted a saber. En Barcelona, el poeta, escritor y traductor Ángel Crespo. En aquel entonces yo no tenía entendederas suficientes para saberlo.
Sábado seis de Febrero de 2010.

10 ene 2010

Con un cuarto de pliego ... de lija



Aplique. Mixta/papel 24x24 cm 2009

Obreros

La labor terminada,

¿qué obrero habrá añadido
como una furtiva caricia
sobre el muro de piedra los musgos amarillos?

William Ospina. Poesía 1974-2004. La otra orilla

"No me gusta trabajar, pero cuando lo hago me agrada hacerlo como los pintores. Se paran ante su tela, la miran, calculan; luego hacen unos trazos con lápiz, se asustan (creo yo) y se van a la calle o leen (son grandes lectores) y vuelven, y desde la puerta ven aquello, a lo que se acercan, ahora con unos pinceles y una mesita en la que han puesto muchos colores, o pocos, según: rojo, azul, verde, añil, blanco, violeta; piensan, titubean, miran su tela, se acercan a ella y ponen un color aquí y otro allá; se detienen, se hacen a un lado y miran, vacilan, piensan, y leen o se van a la calle, hasta otro rato"

A Vicente Rojo. Augusto Monterroso.

29 nov 2009

Gracias por las flores



Algunas reflexiones sobre Datas. Mixta/lienzo, 200x200 cm 2003

Uno

"Cada vez me atrae más la limitación en la invención de la propia historia."
Apuntes Elias Canetti. Galaxia Gutenberg


"Ya que el mundo se resistía a ser modificado, tenía que acatar el imperativo de encontrar un acuerdo con las cosas, con lo social, vamos a llamarlo, dejar de sufrir, reconciliarme, extraer de la existencia lo que me pudiera procurar satisfacciones."
Los pecados capitales. Fragmento de Él. Mercedes Soriano. Grijalbo 1990

Ha colgado Antón Hurtado, caminante inquieto, una buena acuarela en su ventana del blog. Buena por su desnudez. Desnudos, todos ganamos mucho. Al menos, a mí me pasa. Me encuentro bien. Claro que, luego hay que relacionarse: compartir criterios, trabajo, charla. ¿La tertulia?. ¿Dónde quedarán aquellas unidas voluntades?.
Dicen que la TV ha tergiversado todo. Digo que la TV ha tergiversado. Vivir informado. Vivir uniformado.
La acuarela "Puerto L" está realizada en Octubre. y este llamado hacia el trabajo de Datas también. Aquella en 2009 y este "Algunas reflexiones sobre Datas" en 2003. Así es y formó parte de mi exposición en la desaparecida Bilkin. "Gracias por las flores. Pormenor" en 2004. Desde mi punto de vista como obra principal junto a unas esculturas (Venecia). Claro que con el espectador nunca se cuenta. O se hace insustituible, imprescindible. En ocasiones es él quién debe terminar lo iniciado. Con su ilusión, su capacidad de ver, su punto de vista.

"No hacen falta alas para ser el bueno
basta con las ganas y con el empeño ...
Fragmento Silvio Rodriguez

Ocurre que estás emocionalmente imbuido en una obra, completamente seguro, al menos, de su racimo de miel y la celebrada es la obra de al lado. Y asientes porque todas ellas son de tu taller. Parientes. En alguna ocasión he ido a celebrar una exposición de un artista, no siempre amigo, en su inauguración y he sido, sin quererlo, el protagonista. El mundo a veces es muy vehemente y eso no te crea muy buena sensación. Pero así es en este mundo de la oferta sin demanda, del disponible, del escaparate.
Joseba Irazu dice que conoce tres tipos de artistas: Mudos, Comunicativos y Exotéricos.
Quizá a alguien le esclarezca algo esta sencilla división de Bernardo Atxaga, pero a mí saberlo no me impedirá ir a trabajar mañana. Solo. Porque estaré siempre acompañado de los otros. Y los libros, los catálogos que empiezan a trepar por las paredes. Sus lomos como espejos. Y el acuerdo tácito con las cosas que decía la buena de Mercedes Soriano. Y acaso Chet Baker al fondo o cualquier música elegida, mientras se enciende un cigarrillo detrás de los cristales. Transparentes. Y leído, como mala costumbre, el horóscopo diario.
Hoy estoy feliz. Ayer hablé con mi madre. Estamos los hermanos tan dispersos que no distanciados. Eso es lo deseable. Que en ocasiones pienso que es sólo mía. Mi madre. Un aluvión de luz. La abundancia en la escasez. El primer pecho.

Y octubre. Trataremos de los grupos artísticos después o siempre. En otra ocasión. Pero siempre que hable yo, que escriba yo, que enmudezca yo, estará mi madre.
Y este Octubre de Ángel González.

A VECES, EN OCTUBRE, ES LO QUE PASA ...

Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frío oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas;

cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como susurros que dispersa el viento;

entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:

esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.

No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.

Palabra sobre palabra. Poemas elegíacos. Seix Barral.

Dos

Y fue unos meses antes de ese Octubre, pintado, que os cuento. Cuando expuse en el aula de Cultura de Gallarta. Allí me fui con mi suegro, Paco, a saludar a Dolores Ibarruri, en el bar del PC. Está muy cercano a la sala. En la Avenida del Minero. Quizá como último homenaje a lo que fue. Y que ahora es aliciente tan sólo para la memoria. Siempre me parecerá extraordinario ese modo de zanjar los asuntos. Una tarde se inaugura la Avenida del Minero. Y a otra cosa. Ahora el pueblo es pretenciosamente industrial, sin industria, al otro lado de la ría. Allí donde la margen derecha queda, como antaño, demasiado lejos.
Me contó, Paco, mientras viajábamos, con el tono importante de las cosas secretas, que en los sesenta había un hombre del Este, polaco, armenio tal vez ... que tocaba el violín y vivía en una lonja de Recalde y pintaba. Y pintaba. En la lonja con una bombilla seca en el centro.
Tocaba el violín para llenar de luz musical ese pequeño espacio, donde comía, dormía, vivía con una bombilla. Sola. Y pintaba, y no se sabía con certeza de qué vivía. Tocaba el violín para él y pintaba cuadritos que quizá vendía.
Tomando un café, debajo de la Pasionaria, me confesó: - Me siento mayor al ver tus pinturas. Traduje de inmediato que eso lo decía por la amistad, por la familiaridad que nos unía. Podría haber dicho: - Esto es un disparate. Pero era respetuoso y sabía del compromiso que yo había adquirido con mi trabajo.
Dice Colin Dexter en su novela El mundo silencioso de Nicholas Quinn. Plaza Janés.

"Ninguna acción humana tiene lugar por puro azar y desconectada de otros acontecimientos. No hay nada que no sea susceptible de explicación."

Creo que apreciaba, Paco, más la cantidad de obras, el trabajo, que las obras expuestas. Desde su diferencia de edad, inalcanzable. Temiendo que fuera yo a quedarme en el futuro de esa guisa. Como aquel señor del Este, con una sola bombilla, que pintaba y ... sin saber tocar el violín.

Me parece un abultado error que alguien, con la edad que tiene el mundo, manifieste que no entiende de pintura. Más grave aún, si estas ocasionales confesiones veniales, por otra parte, surgen de boca de personas relacionadas con el arte. Estoy seguro que la verdad de todo empieza en la literatura de intriga.

22 nov 2009

El suficiente. A Pilar Múgica



Autorretrato. Collage y mixta/papel encerado 42x36 cm 2009

El enfermo le preguntó la hora a su mujer y ella respondió simplemente: "Dentro de quince minutos"(dentro de quince minutos tendría que irse)
El peso del mundo. Peter Handke Laia 12

Primera parte

El mundo por fuera. El mundo por dentro. El comportamiento.
Me pongo el buzo gris y azul que me identifica como responsable de la limpieza. En una ocasión un periodista escribió que era el encargado y tuve que disculparme ante el mío. Se puede suplantar la personalidad. Ser otro. Pero con los oficios hay que ser muy serio.
Recién llegado al trabajo me prometo, solo, en el cuarto que volveré a Portugal. De Norte a Sur. De Este a Oeste. En el país vecino vimos, cuando fuimos muy poca basura. Muy pocas hojas caídas, era verano. Eran tiempos de menos consumismo. El aire que respiramos allá era muy austero, al menos en los pueblos que elegimos para iniciar nuestra visita. Los pueblos pequeños. Los puntos en el mapa diminutos que estaban al lado de los negros. Un poco más alejados de los rojos, las ciudades. Diseminados. Salpicaduras de tinta en un descuido: Borba, Estremoz, Tondela, ...
Aquella errata o interpretación libre de mi ocupación me confirmó lo que desde hace tiempo pensaba: el periodismo no es una ciencia exacta. Será por eso que gusto de leer los diarios atrasados, cuando la noticia, el suceso puntual y a quemarropa puede, quizá, afectarte menos. Y es una manera más de celebrar tu evasión. Os aseguro que ocurren demasiadas cosas a nuestro pesar. Y seguirán, tic tac, tic tac, ocurriendo...

"y tomo de aquí, y de allá el zumo de las cosas,..."
Prosas apátridas (fragmento) Julio Ramón Ribeyro. Seix Barral

Segunda parte

El mundo por fuera. El mundo por dentro. El entretenimiento.
Dotados de un cierto pesimismo. La crisis, el envejecimiento, los caprichosos, medidos pasos a una inevitable senectud, algunas personas del medio artístico dan forma a la opinión, de la obsolescencia de las galerías. No estoy de acuerdo. Recuerdo que ya cerraron Galerías Preciados. Ahora se trata de las galerías de Arte. Esas personas están ya viviendo un futuro obsoleto. Demediado.
Con el fin de las galerías se perdería gran parte del conocimiento del Arte. La magia en fuga. Como la educación en fuga con la jubilación de los maestros.
Seguro que olvidan que en NY se contabilizan quinientas. Entre Madrid y Barcelona un centenar. Quizá sea el momento de que una ciudad ignorada las aglutine todas. Teruel, por ejemplo. Y haya que ir allá como a Venecia, Praga, Lisboa, Berlín, Camberra, ... con ese reclamo, la ciudad de las galerías. Desde luego siempre es válido el dicho: "el que tenga tienda que la atienda".
Flaco favor le hacen a este mundo, del arte, que no salió aún de la batalla desde que comenzara en las paredes de una cueva.
Creo que estas apocalípticas opiniones sobre el presente y futuro del estado de las galerías son propias de conversaciones trasnochadas en Pubs de horario ininterrumpido. Parece que surgieran entre trago y trago de alcohol y el humo de cientos de cigarrillos, y falta de sueño. Opina así el que está cegado por el éxito de Serra, Koons, Hirst y un largo etc. y comienza a no ver en el horizonte arte alguno que no sea ese. Perdido ya el socorro debido a las personas y la paciencia para con los intermedios. Ir a la luna del capital. Ya. Sin paradas. Sin recreos.
Desde luego, están equivocados. No nos han vendido la era milagrera del ocio con su variedad de productitos (postales, paraguas, posters, bolis, lápices, etc.) para llegar a eso. Ya se cerró bastante por eso. Sustituido lo industrial por lo cultural, por lo turístico. No sé que opinará Manuel Vicent. Él, que es un activista del mundo del arte y se ha emocionado tanto con sus descubrimientos. ¿Cómo sino se escribe la "La novia de Matisse"?. Alfaguara.
El arte es conocimiento, deseo y viceversa. Opinión, apreciación. Cuestionario incontenible del presente. Dice Ferreira. Pensar. Acantilado 138 :

"Lo más grave de nuestra época no es que no tengamos respuestas para lo que preguntamos; es que ya no tengamos ni preguntas"

Tercera parte

El mundo por fuera. El mundo por dentro. El aprendizaje.
Cientos de artistas están trabajando en este momento. En el taller. Tantos como los cientos de jóvenes que buscan trabajo, hoy, desesperadamente... algunos duermen fuera de casa, en casa de amigos o familiares. Sestean en las salas de los autobuses, aeropuertos ... mi compañero, ahora, Fernando Villena ha aterrizado en NJ con un trabajo de fotografía en el oeste de USA. Los parques naturales. No ha ido allá a cerrar galerías. Tal vez, como todos ha ido a hacer lo humanamente posible.

"- El secreto para una vida feliz, Lewis, es saber dónde debe uno detenerse y entonces seguir un poquito más.
- Tomaré media más, en ese caso."
El mundo silencioso de Nicholas Quinn. Colin Dexter. Plaza&Janés

Acaso con las prisas no quiera, no pueda, yo, ser dador ni quitador sino todo lo contrario.
Abogan estos opinadores del futuro que la solución pasa por subirse al maletín de un representante que te relacione con las instituciones. Un marchante. Un portavoz que te ubique en un inexistente comercio. Te asegure el salario mínimo, al menos, interprofesional. Te procure trabajo continuado y sin sobresaltos y al fin el éxito. De ser así me gustaría que el mío, además de los que tengo, fuera Gil el representante de calzado, caminante de pueblos, que interpela a Gregorio "El gran Faroni" sobre el estado de su poesía. En la maravillosa novela de Luis Landero: Los juegos de la edad tardía. Tusquets -102

"- Y el artista, ¿nace o se hace?.
- Nace. No, brota, emerge. Eso es. El artista emerge de la unión entre el destino y la, y la, y la pasión. No, entre el destino y la, entre la libertad y el destino. El artista emerge de la unión entre la pasión, la libertad, el destino y la, y la ignorancia."

No sé que le ocurrió a aquel señor. Antes de que le vieran sentado constantemente en el banco de la plaza principal del pueblo leyendo el periódico. De alante atrás. De atrás para adelante. Con regularidad de Jesucristo colgado en la pared. A su alrededor el pueblo ameno de mañana. El tráfico y el alboroto del mercado. Cortésmente contestaba a los saludos: buenos días, buenas tardes. Una nota fundamental en esa plaza. Antaño. Con la fuente, homenaje a la vendimia, al agua a chorros. Con los bancos (asientos), el quiosco de prensa, golosinas, juguetitos de plástico y las fachadas azules de la plaza. Los soportales. El Penalty.
Le preguntaban a veces la hora como si no hubiera un reloj en la iglesia que se divisaba desde Úbeda. Y contestaba bien con agrado, con un movimiento ágil y atinado de muñeca. - ¿El tiempo mañana? - Si de mí dependiera bueno. Pero ya se sabe esas cosas vienen de arriba.
Unos conocidos celosos de su quietud, su buen talante, preocupados por saber de dónde salía su sustento le decían: ¿por qué no buscas un trabajo? - Me arreglo bien aquí. Poco sé hacer.
Ahora con la vendimia hay mucho trabajo: hacer el trasiego, lavar las tinajas. - No sé. No sé, contestaba sin perder su asiento.
Me contó todo esto mi tío Roberto, que se fue ya. El hombre de los besillos cálidos. Uno en cada mejilla. Familiares. - Hasta luego.
Y me dijo mi tío que consiguieron al fín, por amistades, que trabajara en una bodega para el trasiego. Del vino. - Se trata de subirte encima del camión cisterna y velar porque no se vaya. El motorcillo no tenía medidor de paso. Y allá se fué el hombre del periódico con unos cigarrillos. En Julio y la calor. Encima de la chapa de la cisterna.
Cuando llegue el vino arriba gritas la voz ¡Lleno!. ¡Lleeeno!. ¡Eeeno!. La voz gutural del bodeguero.
La manga manando vino suavemente y un ruido de chicharra continuado al fondo del patio.
Al hombre con el tiempo, quizá por ser su primer día de trabajo. Su primer día sin banco de la plaza, quiosco, tráfico, animación del mercado ... cuando el vino llegó y corría ya calle abajo sólo pudo gritar: ¡Suficiente!. ¡Suficienteee ...!
Y se sabe que volvió, luego, a su banco(asiento) al día siguiente. El suficiente.

Observo peligro, indolencia en este caprichoso dar y quitar vida a los negocios. A las personas.
La inteligencia en exceso es mala inteligencia. Dice
Vergilio Ferreira. Pensar. Acantilado 138
"¿De qué te sirve la inteligencia si no tienes inteligencia para usarla con inteligencia?"

La delectación, la degustación, el pensamiento sibarítico excluye y hace jugar a la ruleta trucada sus principios.

"Desde una mesa repleta
cualquiera decide aplaudir
la caravana en harapos
de todos los pobres ..."
Silvio Rodriguez. Fragmento

Paseando, mientras voy a mis cosas, me encuentro este elocuente letrero en la DYA de Bilbao: Se necesitan personas para casos de soledad.
¿No será eso lo que nos ocurre, que estamos tremendamente solos?
Viernes veintisiete de noviembre de 2009

14 nov 2009

Una casa es un patio, mañana entera, un corral al fondo: los conejos, la gavillera ...




Gavillera. Mixta/papel 147x140 cm, Octubre 2009

"He cogido tantas veces este cuaderno
para escribir y lo he dejado como estaba,"

He cogido tantas veces (fragmento) Sumar y Restar. Javier Aguirre Gandarias
.

Fue la herencia paterna que recibimos: ciento veinte conejos. Grandes, medianos, recién nacidos. Además, naturalmente, de todo lo sabido que se lleva consigo entrevenas y el alma. El parecido. ¡Ay que verde vejiga, que mala madrugada!.
Me recompongo por si influyera este lamento mío al compartirlo. Conejos, que tesoro, biennacidos conejos. Alimento diario por si acaso y moneda de trueque. Ciento veinte y no sé que fue de ellos, que pasó, dónde fueron.
Nos veía, esperanzado, crecer nuestro padre. Ganar altura. El primero que llegó a los pedales de la bicicleta fue Pepe. Confieso que siempre tuve cierta resistencia al crecimiento. Modorro. Me mandaba mi padre al taller de Agapito. Enfrente. El zapatero constante. Quizá pensaba que ese oficio era mejor para mi, cuando me sentaba en el taburete junto al barreño de buscar las fugas, los pinchazos de los neumáticos. Tan mirón en el interior del taller.
Le llevaba papá cogido del sillín apenas dos pasos, luego como voluntad compartida mi hermano mayor continuaba solo, derecho a casa a excepción de una curva peligrosa a la izquierda. Un pequeño repecho y ahí estaba mi hermano triunfante de la vuelta del trabajo de nuestro padre. Del taller a casa, media manzana. Pocos metros. Aprendió rápido a mantenerse en equilibrio y con el atrevimiento vino lo demás. De inmediato pudo llevarme, henchido de responsabilidad en la parrilla de atrás, porta equipajes, porta hermanos, porta sacos de amapolas para los conejos. Preferían la alfalfa recién cortada, el alimento principal de la vaquería de arriba de la calle.
Cogíamos con mi madre ramilletes de ellos que luego iban a parar al fondo del saco. Nosotros con las manos, mi madre se ayudaba del mandil y nos ganaba siempre. Sabía andar en las cunetas, era alante, en la carretera de Torrenueva y Santa Cruz de Mudela. Entre piedras, cardillos, hinojo y romero. Frescas amapolas recién surgidas libremente, diseminadas, en el paisaje. Entre sembrados alineados de buen cereal, trigo verde, candeal. Espigado futuro que mecía el aire. Había que coger dos sacos cada vez. Luego del aprendizaje íbamos solos. Voracidad vegetal de animal herbívoro. A ratos confundíamos con alborozo su función alimenticia y los mirábamos como al Loro que nos presentara Javier Aguirre Gandarias:

Tiene un ojo cerrado
y otro abierto. El loro tuerto!
¿Cantar? No canta.
¿Reír? No ríe.
¿Posee alguna gracia? Ninguna. El loro tuerto!
¿Ha aprendido a amar? No ha aprendido.
pero subo las escaleras corriendo,
para verle, con el corazón impaciente:
¿Le habrá ocurrido algo?
Le doy de comer, le hablo al oído, le mimo
y me mira fijo, fijo, con su ojo demoníaco. El loro tuerto!

Incontinentemente felices. Como niños. ¡Tan numerosos!. Y nuestro padre con ese ejercicio siempre de tablas y clavitos, de bisagras de caucho y tela metálica muy fina que siempre se me ha antojado lo más difícil del mundo colocar: tan derecha tan tensa. Hexagonal en cada una de sus celdillas y unos cerrojitos fabricados en casa con un hierro y chapa de lata de aceite para automóvil. Había en casa algunos botes de verde y rojo BH. Para reparar raspones de los cuadros de las bicicletas y yo con un sólo pincel me sentía iniciador de un nuevo juego pintando la pared de mi habitación que daba a la calle. Había que estar siempre en contacto con los amigos.
No eran tiempos ociosos aquellos años. Siempre había algo que hacer. Siempre. Habitáculos, separadores para la coneja en celo y la por parir, cuidados para la prole. Hacía mi padre unos comederos de chapa contorneada y pisada, como los harían en Méjico.
Mientra ocurría todo esto nos aventurábamos por las alturas en ejercicio y prueba de que no había miedo ni vértigo. Desde aquel conjunto de haces de sarmientos que daban techo a los animalitos se divisaba el cerro. Más cerca, el cercado abandonado contiguo al corral. Y mirábamos muy atentos en busca de algo, que tal vez fuera prohibido o que tan solo estuviera allí. Y no había nada nunca excepto la quietud, un poco de mala hierba entre una desmandada higuera con higos hueros.
Eran, miraras donde miraras, cuadros, estampas con figura siempre que volvíamos abstractos tal vez por la impaciencia, por la prisa.
Tuvimos en la Virgen de La Cabeza un sustituto de maestro que se ganaba nuestro silencio y respeto pintando con tiza unos caballos bien nutridos, reales, maravillosos a pizarra entera. Recuerdo con gratitud que pensaba entonces que era magnífico. Mientras estuviera ese dibujo no habría en el encerado otra cosa. Cosas mías.
No dejaré de contarme aquí estas cosas. De renovar esperanzas perdidas, emotivos o locuaces silencios. Alegrías. Al final uno es de lo que está hecho. Lo dice Iriondo en el texto que ha realizado para la exposición de Antón. De propia voz y en palabras de otros. Un saludo. Salud.


7 nov 2009

Una casa es un pozo, una higuera, una cocina




Una higuera. Mixta/papel 140x140 cm 2009

... que clase de libertad van a darte.
"Yo me quedo" Pablo Milanés

Me quedaría, aquí, cuidando del balcón. Detrás de los cristales. Mirando cómo el viento zarandea el Ficus cargado de años. Los geranios. Las adormecidas, verdes, plantas que nos revitalizan a diario. Aquí se halla la fábrica del viento y conozco otro lugar con esas características: el arco que da paso histórico al pueblo burgalés de Covarrubias, Arco de Santa María. Lugar dónde se cierra el paso a los vehículos, lugar que viera lo que viera. Tanto.
Este balcón nuestro rectangular es menos transitado que esa pieza histórica que cruzamos camino de Pelusa, la tierra cerrada de nuestros amigos Tere y Pedro José a las afueras.
Escribo en esta calle interior semiprivada de Zabálburu con el protocolo del invierno presentándose. No muy lejos de aquí, en los puntos más altos el agua con el frío se convierte en nieve.
Está lloviendo y me acuerdo de Alday aldeano fuerte y grande, añejo y noble como un buey. Subía él. Bajaba yo. La cuesta de Elejalde. A la altura del cementerio, lloviendo a cántaros: Suave, suave, decía. Cuándo llueve hay que andar tranquilo, si no coges las gotas tuyas y las de alante. Alday agarrado siempre, paseando, a su vara de avellano de dos metros, con su txapela grande.

En el 67 ó 68 mi padre cerró el pozo interior de la casa. Teníamos nueve, siete, cinco, tres, uno años los hermanos. Demostrábamos correa suficiente y altura para asomarnos por el brocal de piedra al redondo vacío. Nunca se sabe dónde se encuentra la curiosidad. Y precipitarnos abajo. Cerrado a cal y canto dio lugar, luego, a un aparador para la mesa de la cocina. Hacíamos toda la vida allí. La cocina es el corazón de las casas. Los patios abiertos el pulmón, bien regados desde la mañana. En el nuestro siempre colgaron floridos geranios y demás plantas. Mi madre, del campo, siempre tuvo buena mano para ellas. A veces pienso cómo llegó a tener tantas sin comprarlas. El dinero era para otra cosa. Un esqueje de aquí, la buena vecindad y alguna que traía mi tía Tomasa de la rebusca, del campo.
A grandes males, grandes remedios. Al quitar el brocal de piedra se dieron cuenta del porqué la higuera estaba tan saludable. Tantos higos, tantas brevas. Y es qué todas las raíces se dirigían allí a compartir el agua, el frescor con los melones y las sandías que mi padre metía en un cubo y lo ataba pozo abajo a un metro del agua. Una buena sandía no debe caber en ningún frigorífico. Las buenas son las grandes. -Se rajan las gordas!! gritaba el melonero en la Trinidad, la Mesta, La calle del Convento ...
El patio empedrado de la casa estaba abultado también por la presencia de esas raíces. Llegaba la higuera al tejado, abundante en su copa, con un tronco derecho estilizado de podas sucesivas. Responsables. Tenía para nosotros, chicos, la altura del vértigo. Daba sombra al patio toda la primavera y el verano. Y aprovechó mi padre la obra del tapiado del pozo para hacer un cuarto de baño. Habida cuenta de que no era necesaria la basura. Antes de los calores varias personas hacán la labor de sacarla, tan útil para la tierra luego, para el campo. Del retrete a la calle, en espuertas. A veces, atravesando toda la casa, del corral a la calle. En las casas con tierra echaban con la orca paja. Facilitaba el sedimento y la tarea. Puso un grifo en el patio que aún existe. Suficiente. Había un dicho entonces que tendrá vigencia, pienso, siempre:

Aunque manden las derechas, aunque mande el comunismo, los que sacan la basura casi siempre son los mismos.

Ahora en todas las casas, aparentemente, hay cuartos de baño, progresivamente desaparecieron los retretes. Se jubilaron, desaparecieron, los que sacaban el estiércol a espuertas. No obstante, hay muchas cosas que no han desaparecido. Hay quién no sabe andar sino es con el corazón fuera del pecho.
Volviendo a Vergilio Ferreira. Pensar. Acantilado 138
"Uno de ellos era muy inteligente y lo aprendió todo, lo entendió todo y se llevó todo eso consigo cuando murió. El otro era razonablemente estúpido e inventó un modelo perfeccionado de sacapuntas. Y existió más."

El proceso del progreso.