16 ago 2010

Un camión de hormigón, un papel de caramelo



Un camión de hormigón, un papel de caramelo.
Mixta/lienzo. 200x200 cm. 2007

Hicimos pausadamente lo que vinimos a hacer aquí. Nos faltó gas en la bombona o el problema era de la candileja. Volvió nuestro amigo de Madrid con un buen resultado. La vida consiste en dormir en colchón prestado, en una preciosa habitación con mesitas castellanas, lámparas y libros en los estantes. una cómoda con algunos cuadros, forman el decorado. En las paredes se deja notar la arquitectura de esta antigua casa. Luego de dormir añorando el propio colchón; enamorados por el hecho de compartir cabalmente el todo del día. desayunamos repetidos cafés y un pan redondo y plano. Un pan aceitado, que aquí dan en llamar torta. Muy rico. La pareja de panaderos jóvenes tienen modos y aspecto de estar siempre recién casados. Ostentan el negocio con capacidad y el ánimo primordial y transparente del laborioso Benjamín. La Bondad. El abono de este pueblo, que este año no recogió, las pagaban a 30 céntimos en el mayor, sus cerezas.
Leemos el libro que dejamos parado en el mejor momento anoche, cuando nos usurparon la tranquila presencia del silencio. Los jóvenes son jóvenes. Los pájaros son pájaros, decía Evaristo. Se reunen en el soportal de esta añeja casa al abrigo de un banco que llegó hasta aquí del cercano paseo de la princesa Cristina de Noruega. Junto a la Colegiata. Un banco de noche para procurar el inicio de los primeros cigarrillos, porros, besos. Un banco de parque, de paseo. Que camina a voluntad de los imberbes o los maliciosos. O los sencillos. O los corajudos folclóricos amantes del lugar y las cigüeñas. Este año hay tres.
Unas horas después de despertar nos socializamos en busca de comida. Quiero decir, de ésta manera todos sabrán que estamos en el pueblo. Los pájaros son pájaros. A los ultramarinos. A comprar el pescado, buenísimo si está bien elaborado, y todo lo necesario. Estamos en Burgos y queda la historia viva entre sus adobes y muros. Hay una chacinería estupenda. Morcillas bien especiadas, como con alegría. De arroz. Como si estuvieran avaladas por el silencio, la naturaleza, que nosotros venimos extrañando. Disfrutamos del aroma de los tomates recién regados. La visión ocasional del juego de unas ardillas en una sabina, arrullada por el riego del aspersor. Emulamos así la vida del campo de Verga, Pavesse, Delibes. Y Saramago cuando nos dijo todo aquello sobre Portugal. Adormecemos aquí nuestro afán de conquista. Nos tranquilizamos, por pocos días. Hay tabaco y periódico, regaliz en barra para los que dejaron de fumar. En el estanco puedes seguir jugando a hacerte rico. Y comprar novelas y otras innumerables mercancías. Dos horas después nos vamos caminando hasta la finca. Apenas 1400 m. manejables, la medida ideal de la intimidad. Domables con el agua de riego constante y una caseta de obra metalizada. Llegada en camión. Esos camiones que sacuden estas carreteras. Con una docena de frutales de poco riego y un símil de huerta suficiente. El secreto está en el pozo, de ahí manó agua, según nuestros amigos, gracias a San Antonio y 3000 €. Peor hubiera sido si el pocero se hubiera cegado en tierra o encontrado un teso de yeso cristalizado, o una valija, amor o un osario. O una tesela, o un denario. Un ápice de camino romano cruzado en su búsqueda.
Y hay también unos álamos gigantes a la derecha, al fondo. Una decena de arbustos bien crecidos. Arborescentes como pira que no apagara nunca. Unos cipreses dándonos, dandys, la bienvenida siempre. Un manantial de paz en tres palabras. Con independencia del chapoteo de los chiquillos del lindante camping de reposo y piscina. Y su discreta y respetuosa megafonía. Pienso que en otros lugares sonarán músicas del verano de sol a sol. Obligadamente alegres. Repetitivas. Aceleradoras del transcurso del día vacacional. Músicas que dan sed para acabar con todo el dinero que llevamos en el bolsillo. Pienso que en Agosto no hay música mejor que la que produce el roce de las ardillas en sus saltos de plátano a sabina, de sauce a cerezo viejo. El almacén de comida ideal para estos bichos de cola larga. Ni música mejor que la boca de riego manando agua. O que la tijera de poda cortando madreselva, eso verde muy ramificado que todo lo atrapa, como la vida. O la propia música de los textos leídos en silencio. Cerebrales. Los tan queridos artículos de Muñoz Molina. Los recordados de nuestra querida ausente Mercedes Soriano. Seguro que ahora le hubiera gustado compartir con nosotros armonía. O utópica independencia. O la música misma del suspense que no termina nunca. Preparándote para ser buen espectador del desigual e inquietante cine televisivo.
Una parte del día se ha ido con estas notas y nos espera darle vida a la herramienta. Sellar la tela asfáltica, coger unos cubos de caduca cereza no recogida. Simplemente sentarnos a ver el campo o los ojos del puente sobre el Arlanza en su magnífica y muy necesaria construcción. Cinco bares hay en este pueblo y no los hemos visto en esta ocasión. Con esta lentitud el bien o el mal no existen. Pero el bien nos lo llevamos con nosotros engarrafado en cinco litros de vino de Evaristo. Clarete Rachel de cepa, de palo centenario. Muy fresquito al paladar, sin nota de malicia.
Y ahora quiero recordarte amigo Antón, cuántas veces rememoraré a aquel artista. Parado en el sur de Francia, por una huelga de transporte en la frontera. Usó para su trabajo la imagen de la habitación que le había correspondido. Allí elaboró el pintor una nueva e interesante versión de los cuadros que le tocaron en suerte: cisnes, ciervos. Miel sobre néctar de brezo. La maravilla con fuego bajo en su interior. La vimos en Vanguardia...¿recuerdas?.

19 jun 2010

Discurso de las Plazas



Alberto Rementería. Chicas


Usted es muy amable.

Bolo. Ese montón de dudas llamado chatarra. Amargord ediciones.

Acabo de conocer que en Rumanía, los hombres para mostrar el duelo, el dolor de la pérdida de un ser querido, se dejan barba durante cuarenta días. Me ha impresionado esa costumbre. Esa norma.
Hace días que considero la nueva Plaza de Arriquibar, casi desde su inauguración, como la más inhóspita de Bilbao. Al principio me dejé llevar por ese movimiento, en tiempo record, de la fuente principal. Se puede ver ahora alzada y rodeada con un grupo circular de bambúes. Pequeños bambúes que aparentan querer vivir en un lugar más soleado. Tendrán que reponerlos vuando adolezcan de frío, cuando vayan echando de menos el calor. Valoré positivamente sus quitamiedos de bronce. Quizá me dejé llevar por la limpieza. Pura fantasía.
Al cabo de unos días, en mi paseo de mañana, ví que habían quitado el único banco de esa Plaza para que no fuera ocupado por indigentes. Serrado de raíz. Con rotaflex, como se hacen esas cosas. El ayuntamiento explicaba que era por eso, por los atorrantes, su ausencia. En un acto de responsabilidad ¿civil?, ¿ciudadana?.
Observo la Plaza ahora con añoranza, esa plaza de paso donde vivía la "loca de Arriquibar". Donde soñaba la Señora de Arriquibar. Mi perro siempre se portó bien en aquella plaza. Claro que con un metro veinte de libertad. Siempre atado. Ocasionalmente los acupantes de sus bancos me ayudaban a acabar con mis cigarrillos. Y cuando paso ahora al sombrío hall del edificio transformado, no dejo de pensar en aquellas gentes. Expulsadas de su paraíso. Y su muestario de columnas no me dice más que: -aquí hay gato encerrado-. ¿Dónde se juntarán ahora esos amantes de la intemperie?, esos fumadores empedernidos de cigarrillos ajenos. Quizá adoleciendo la ausencia del magnífico banco que les diseñó Philippe Starck, se dejen barba ahora cual rumanos. Ya es sabido: "el muerto al hoyo y el vivo al bollo". De no ser así ¿Qué haríamos?.
Habitado por este sentimiento, contrario a la nueva bilbainidad que propone la Alhóndiga cultural: consume o muere, parecen decir sus directivos. Paga por comer, beber, descansar, mirar. Levemente, a un precio módico, con descuentos familiares y algunas facilidades. Haz gimnasia pagando. Usa la piscina pagando. Darío Fó acaba de declarar que con la muerte de José Saramago se le ha ido parte de la vida. El mismo Darío que escribió: Aquí no paga nadie. Claro que ahora con el paso de los años, casi como antes, esto de no pagar se ha convertido en patrimonio de los importantes.
Más no hay regla sin excepción y para salir de lo grave de este asunto os recomiendo la exposición maravillosa de Alberto Rementería. CHICAS. En el Colegio de Abogados de Bizkaia. Rampas de Uribitarte nº 3. Esta vez el ojo complaciente del cada vez más humano artista, retrata la magnífica, larga, insuperable vida de los bancos. De los bancos de Paseos y de Plazas ciudadanas. El exceso didáctico de Alberto hace de esta exposición una nueva entrega del cómo, por qué y para qué el arte. Salud maestro.

14 may 2010

Cotidianeidades, enseres. Iñaki Sáez



Paleta. 30x41 cm. mixta/tabla. Iñaki Sáez en los 80?

Por la luz oblicua, debía ser invierno,
un puñado de ojos buscaba
en los míos
iluminados epitafios.

Me desagrada ser mirado así,
no tengo piedad
ni rosas, conozco las gaviotas por el vuelo,
vengo de las orillas del mar.

Son lentas las postreras
luces, tampoco tengo prisa:
no entiendo esas voces,
si me llaman, no es a mí quien llaman,

que no soy de aquí.

Eugenio de Andrade. Contra la oscuridad. Ed. Pamiela 14

Aparecieron un centenar de discos. Entre las cajas. Unidos a otros materiales apreciados. La más mínima cuña, un dado. Murió Giuseppe Panza di Biumo (Milán 1923-2010) el 24 de Abril. Coleccionista de Arte contemporáneo, a los 87 años. Francisco Calvo Serraller escribe un obituario en El País del sábado 1 de Mayo. Me gustó muchísimo la exposición que pude ver de su colección. Recuerdo con placer un dado diminuto, magníficamente iluminado en el centro de una gran sala. Él sólo. Paralelamente coincidiendo en el tiempo un latino pintaba constantemente un haba por las calles, plazas, aceras y mobiliario urbano de N.Y. Posiblemente una de las mejores colecciones en manos privadas, dice Calvo Serraller; que se puede visitar en su Museo personal en villa Menafoglio di Litta en Varese.
No es del todo cierto que no sea partidario del viaje. He leído bastantes libros en viajes de autobús de trayectos de corto y largo recorrido: Columnario de Francisco Calvo Serraller, Galaxia Gutemberg terminado en una playa de Elche; La novia de Matisse de Manuel Vicent, Alfaguara y otros tantos. Así es como estoy muy agradecido al viaje. Volviendo a Panza que decía: "El bien y la belleza son una misma cosa, entidades inseparables e indivisibles. La vida es una sucesión de momentos. Quién vive los momentos de la belleza, vive también los del bien y toda la felicidad que es capaz de proporcionar la vida. ¿Qué otra cosa mejor le podría caber en suerte?".
Podría, digo, acabar mis diversas lecturas, ahora mismo, en un viaje en autobús hacia la casa de este sensato y anhelante coleccionista de arte mínimal. Celos de Catherine Millet, Señora de la miel de Fanny Buitrago, ambas de Anagrama, o Entre la bruma, el cuarto libro de Simonetta Agnello Hornby en Tusquets editores. En fín, un sistema más para poner remedio al cansancio de la mudanza. De la preparación y acomodo de todas estas cosas mías, que van apareciendo entre cajas. Un centenar de discos, un dado diminuto que escapó de su juego para convertirse en homenaje y memoria del finado Giuseppe Panza. Un juego de cartas de artistas alaveses. Desafortunadas las elecciones regionales, que dejan huecos de la visión completa del arte.
Bien es cierto, que es un modo de empezar, si se quieren hacer, mostrar, saber, las cosas. Pero llega un momento en que son más los que no están que los que están. Como en el universo Tierra que habitamos. Decididamente fumo un cigarro a la hora del despertar de Antón en el camino. Es temprano. Según mi GPS personal, ahora, saliendo de tierras de Zamora. Ánimo caminante, hay paisaje en todas partes. Y paisanaje.
Guardo el recorte de prensa en el librito que nos gusta a ambos: Días de diario de Antonio Muñoz Molina, un delicado libro editado por Seix Barral-Únicos-11.
Aparecen entre marcos y cristales sueltos, entre lienzos y bastidores por finalizar, papeles y más papeles, suplementos culturales por doquier, apenas revisados, obras de amigos, de artistas con los que me relaciono, que han llegado aquí de un modo u otro. Historias, anécdotas con testigo.
Esta tabla-paleta, por ejemplo, a la que le tenemos tanto aprecio como tiempo que lleva entre nosotros. De Iñaki Sáez. Un artista merecedor de encontrarse en todas las listas. Un artista con un buen sentido de la verdad. De su verdad. Que es la nuestra a este lado del universo Tierra que llamamos VIDA. El caso es que tenemos otra obra de él. En papel, una suerte de serpiente pintada con brea y acompañada de dos pequeños congéneres y su sol. ¿Eran los 80?. Saludos Iñaki y naturalmente salud.

8 may 2010

Eduardo López. Lo que sé de mí ... tan sólo - III

Esperaba, pretendía, ampliar esta entrada con una imagen. De haberla puesto debería haber sido una obra de Edu López, tal vez un retrato del autor de este texto magnífico. Este es el fin, en definitiva, del gran, mediano, pequeño Arte: conseguir estos momentos de escritura, de lectura. Sé que de este modo mi trabajo ha entrado en la Historia del arte. Reiteradas gracias a Edu López.
Os acerco el texto completo del catálogo de mi última exposición en Bilbao.

Y aquel pijama rosa en pie bajo la lluvia
Pere Gimferrer
Gracias por las flores
En 1920 Kutr Schwitters recorría las calles de Hannover en busca de los objetos que un principio de siglo bombardeado desde muchos frentes iba dejando a un lado como inevitables despojos. Grosz nos cuenta, en su más agria que dulce autobiografía, como un poderoso ambiente de insatisfacción y de zozobra había ido instalándose en una Alemania donde a cada momento se anunciaban cambios y se presentían revoluciones, perdiendose con eso el ritmo que se pretende natural de todas las cosas o, lo que no se sabe bien si es peor, sumándose o riñéndose equilibrios para dejar a la sociedad sumida en un alboroto tan inmenso y rabioso como inevitable. Schwitters recogía muchos de los desechos que la sociedad perdía para mostrarlos luego en otra cosa, con un afán (nos cuenta Grosz) de burla primero, disolviendo las fronteras entre el objeto artístico y el deshecho, entre el sagrado museo y el basurero. Con el tiempo, esta manera de contar entre las bombas, se transformó de grito dadaista en nuevo texto en el libro de la historia del Arte.
Cuando entro en el estudio de Carmelo Camacho y me paro ante el recibimiento que me brindan sus esculturas en proceso de construcción, justo un momento antes de girar sobre la biblioteca, sobre los cuadros que se apilan como tabiques de una arquitectura que se va levantando constantemente, que se clavan a la pared, inundándola, o que toman las puertas, no puedo dejar de recordar al Schwitters que conicí en Berlín, encerrado ya tras el cristal que el museo coloca como guardián de ideas importantes, pero capaz aún de mostrar toda su rabia, triste e incandescente fiera encerrada tras su jaula. Aunque en Carmelo, esta furia de las cosas que se pierden y encuentran nace menos de la insatisfacción que del afán por construir a partir del plantarse ante los objetos que se van descarriando, desgastando a nuestro alrededor más cercano. Humildad del sacacorchos condenado al cajón de las desapariciones, de la palangana que se hartó de contener aguas o aceites o disolventes, del bote sin tapa que espera su destino de vertedero, del trozo de cuerda que hace tiempo perdió toda esperanza de anudarse a nada, de la botella que extravió su nombre de botella, del interruptor que no interrumpe. Y es con todo ese escombro silencioso, como el tipo que cuidadosamente recoge piezas importantes entre los despojos que dejó un obús tras su caída en medio de la casa, con lo que se construye un ente nuevo, un nuevo texto compuesto por fragmentos salvados del desastre, que es recuerdo de las cosas que fueron y otra nueva, renueva, diferente y en donde toda esa cuerda de perdidos y condenados sin aparente remedio vuelve a funcionar para mostrar ahora, no solo el profundo misterio de los objets trouves surrealistas o la rara inteligencia de los Ready Made modificados, si no su extraña alegría de objetos alzados, recuperados del olvido inevitable al que los conducía el trajín de la vida, para ser ahora otra vez letra, párrafo de un texto nuevo y diferente y que no es otro que el que surge desde los márgenes de la memoria del artista.
Ahora bién, este interés por la botánica de los objetos perdidos no nacerá en Carmelo por una suerte de generación espontánea, por el contrario irá inevitablemente unida a un discurso más rico y complejo en donde se tenderán puentes entre la lectura ( y el amor inquebrantable al libro como objeto maravilloso) y el dibujo, entre el dibujo y la letra, la letra y el color, el color y la idea, la idea y su contrario, el arte y la vida, la propia comunicación y sus defectos y aciertos, la amistad fundida en bronce y el discurso perverso, la curiosidad universal y el monstruo que lo confunde todo o que impide que las cosas ocurran como siempre queremos que ocurran. De aquí la fiera de Carmelo Camacho, su furia expresionista e ilustrada que respeta y agrede a un mismo tiempo en cualquier formato y que comienza con la selva hasta llegar al hombre que se transforma en uno de sus propios objetos construidos, en otra de sus herramientas, para acabar inevitablemente en cosa que se fractura y pide, quizá, ser rescatada. Con lo que la cinta imaginaria que hilvana todo este universo concentrado en el estudio se cierra, suturando al hombre perdido junto a su universo, que vuela por los aires.
Parece, de esta manera, que en las obras de Carmelo ha entrado la tormenta, se la ha invitado a pasar, a quedarse como se queda un extraño inquilino, para ver aparecer de este encuentro borrascoso el seguro alboroto que aclarará las cosas tras su paso, pues, así como una vez consumido el temporal suponemos un paisaje más limpio o resuelto por deseado, vamos viendo como de este pupilaje casi increíble nos llegamos a guardar, de entre otras muchas, un par de cosas importantes: el mismo acto de gozar ante la visión que nos lanza el propio remolino donde, como en un fiero baile, danzan las cosas, casi todas las cosas por los aires (dónde se respetan tan sólo los límites que el artista se encarga de marcar), y la esperanza de un seguro esclarecimiento.
Por eso nos impresiona todo ese inventario de existencias que, bien protegidas, Carmelo parece guardar en frascos que destapa para ir dejar saliendo, de una en una, hacia sus obras. Después asoman, entre el aire fiero de la tormenta, luces de todos los días, personajes enfrentados, mobiliarios casi perdidos, flores imposibles, saludos, galería de retratos que, de pura cabeza se van también moviendo en otra cosa, que fueron y ahora son mesa, celosía, espino o martillo o cosa que uno crea, que son cabezas pregunta y respuesta y que ahí plantadas con todo lo que tienen de monstruoso asustan un poco como cabezas radiográficas y paisajes posibles junto a una enciclopedia de colores en lucha, guerreros de cualquier otra cosa que no sea una guerra y que, autónomos, adquieren el estigma de un raro individuo, hombres pues que se disuelven hacia el color, que se van perdiendo poco a poco o ganando al mismo tiempo, gracias a una extraña alquimia impresionante, junto a colores que toman el camino contrario hasta encontrarse todos en la plaza de esta ciudad, inmensa que es cada obra de Carmelo Camacho.
Mientras tanto, otros puentes se tienden como flores del jardín que cultiva Carmelo, pasillos que unen su obra con la de Kandinsky de principios de siglo, con los expresionismos alemanes que después dieron paso a Dada, con lo que ahora entendemos como Arte africano y también con el primer Pollock. Después asoma Rothko, Sam Francis, las esquinas y el humor de Guston o Kline hasta llegar al robusto corazón de Willian De Kooning, al abismo de Mason, a la limpia escatología de Bacon o, más tarde, a su reflejo en los informalistas españoles de mediados del siglo pasado. Pero todo eso importa sólo, si descubrimos su relación con la literatura elegida que va trepando desde su biblioteca y que le inclina también hacia el relato, para aparecer siempre en forma de título que completa las obras coronándolas (en este caso el título, la propia caligrafía del título, es parte de la obra que se ha quedado un poco más allá). Yendo un poco más lejos podría pensarse que buena parte de la naturaleza, en la obra de Carmelo, crece en la biblioteca, de entre los libros, y que todo ese leer selecto hace que se plante delante del trabajo del arte como se plantó el primer hombre, a escribir un texto sin haber inventado aún las palabras, ni las letras, ni nada parecido, temiendo muchas cosas, deseando otras muchas para acabar también, como Carmelo, inevitablente invitando a que pase la tormenta.
Después vendrán las flores, ahí está el gran juego, pero ese es un enigma que cada cuál tendrá que descifrar.
y ...

Lo que sé de mí ... tan sólo.

Toda obra de arte encierra, entre sus recovecos, una biografía secreta y, la más de las veces, confundida. Es muy posible que allí se cuente, a sabiendas o no, la vida de los otros, o la de las cosas, o la de alguna cosa, o la del mundo en parte, o la de todo el mundo o, gracias a una suerte de metafísica (prevista algunas veces otras no tanto), la vida de la propia vida como cosa abstracta, inmensa, precipitada de todo, inevitable. Quizá este contar las cosas construyendo otras nuevas (complicando y recomplicando el proceso de organización y presentación de lo contado así cambien los tiempos y, con ellos, los artistas) esconda entre los pliegues de su fundamento una suerte de querencia biográfica de la que nadie puede escapar y que se enreda casi siempre entre la niebla espesa que, por fuerza, acompaña al discurso tramposo dispuesto por la memoria. Por otra parte, del querer contarlo todo (siempre se cuenta todo aunque en ocasiones parezca no contarse nada), del pretender contar la vida de las cosas o de las relaciones que surgen entre ellas (quizá sea ésta también otra forma de vida en emergencia), del querer contar, en fin, las vidas de otras vidas, se llegue a desprender un fino hilo autobiográfico. Es inevitable. El artista, entre otras cosas, es muchas veces filtro que se cuenta mientras que va contando, construyéndose a sí mismo, y de esta manera, una suerte de biografía de camuflaje o una autobiografía escondida (o que se esconde) mientras se representa y también, finalmente, cuando se presenta. Admitir esta suerte de aparición, precisa de buenas dosis de sinceridad por parte del artista, y también de arrojo. No es tarea fácil, tras un esforzado ensayo de franqueza, llegar a reconocerse, como tampoco lo es presentarse así, aparentemente desarmado, admitiendo enseñar lo que se sabe que se sabe de uno, ya sea como fuere, si a través de uno mismo o a través de los otros o de lo otro o de lo que se guarda o de lo que se va dejando. Aunque llegados a este punto (atrás ha quedado definitivamente el siglo XX) uno podría dudar, no sin poco fundamento, de cualquier pretendida ingenuidad por parte del artista o del objeto de Arte. De esta manera surge un extraño juego de contrarios en donde lo que se admite como sabido de uno mismo no será otra cosa que lo que, en la medida de sus posibilidades, saben de ese uno mismo los otros y en donde cada uno avanzará como pueda en la construcción de un relato que se propuso realmente más abierto de lo que en apariencia se pretendía. Cuando Carmelo nos muestra, seleccionado y re-unido lo que de él sabe, no está con ello, en ningún caso, cerrando la puerta al discurso interpretativo, por el contrario, será a partir de aquí de donde surjan todos los otros que, siendo él mismo, no dejarán de sumarse a la construcción del edificio que se inició tras el ofrecimiento implícito en el título. Y es aquí donde se encuentra gran parte de la riqueza del juego propuesto por Carmelo y la solución y también la trampa. A nosotros, ahora intencionados cómplices, nos queda tan sólo disfrutarlo.

Eduardo López
Bilbao, Diciembre 2004 - Enero 2010

30 abr 2010

Pamplona. Exposición de Deproart.



Musgo II, 22x18 cm 2010

estoy rodando una revolucioncita
estoy rodando una linda revolucioncita
ya no soy ni mucho menos de tierra
que vuelvo a ser de agua
llevo espumantes crestas sobre la cabeza
también llevo en la cabeza espectros tiradores
sobre mis espaldas reposa una sirena
sobre mis espaldas reposa el viento
el viento y la sirena cantan
las crestas espumantes borboritan
los espectros tiradores caen rodando

estoy rodando una linda revolucioncita zurridora
y yo caigo y yo musito y yo canto

Lucebert

Siempre es buen momento para recordar a Lucebert. Su poesía es maravillosa. Parece surgida de un pincel. Mañana voy a Pamplona. 1 de Mayo. Como todos los artistas: trabajando. Inauguramos el 10 de Mayo en Deproart. El nuevo proyecto de José Luis Mayor y otros. Colectiva. Con Antón Hurtado-pintura, Virginia S. Itoiz-pintura, Dik Rekalde-fotografía, Juan Sukulbide-pintura, A. Álvarez Lizarbe-escultura, Ricardo Azkagorta-escultura. Es una colectiva distinta porque todos los autores presentan varias obras.
Deproart está ubicado en el polígono de Mutilva Baja. Calle 0, nº 32. Salud y suerte.

23 abr 2010

230 poetas. Petit Hotel Palacio de Arana



230 poetas. Apenas dejo un resquicio de luz entre escrito y escrito. Celebro que estoy terminando una amena obra de Veit Hainichen. Los muertos del Carso. Siruela 121. Policíaca. Me compraré más de este autor. Los hechos se desarrollan en Trieste y alrededores. Lugares desconocidos para mí. Allí paró Libe. Esposa multifacética de Leonardo Gª de la Mora, hermano de Pedro José y políticamente de Tere Carcedo, que ya son de esta casa. Libe, nuestra amiga de vuelta en autobús desde Bulgaria. Accidental vuelta en autobús. Alternativa pesada y costosa al avión parado por el volcán ceniciento de Islandia. Pesada y peligrosa alternativa fraguada muy lejos. Donde los hombres, caprichosos y salvajes, no hablan a las mujeres. Hay mundos peores que el peor mundo imaginado. Todavía tienen paño para escribir los autores. Los defensores de una tierra más justa y equilibrada. Leo en la calle un cartel para las jornadas de la Tierra y su viñeta de Quino "Seguimos construyendo la destrucción del futuro. Rogamos sepan perdonar las molestias". Es, como sabéis, el mismísimo creador de Mafalda.
Sigue pasando el tiempo. "Nos vamos haciendo viejos" dice Silvio Rodriguez en sus memorables letras cantadas. Inexorable e impacientemente estamos metidos en el reloj inmenso, rojo de Anish Kapoor, como cera, como masa derretida, como magma arrastrado por un agigantado minutero que crea rebaba a su paso. Impresionante su exposición en Bilbao. El Guggenheim es hoy un lugar dónde ir a quedarse. Estupefacto y quieto durante días, con sus noches vascas aún frías. Pobres los que tengan la calle como tejado. ¿Qué le ocurre a un corazón cuando no produce amor?.

O 231 poetas. Me pidieron pintar la columna del Petit Hotel Palacio de Arana, en la Ribera con Bidebarrieta, junto al Arriaga. Allí me fuí con mis bártulos y la idea primera de la democratización del ingenio, del genio. Lo que hay que hacer. "Después vendrán las flores, ahí está el juego ... " escribió Edu López. Ahí os muestro el trabajo, como una parte más del mobiliario de la recepción, porque fué así como se hizo. No en las mejores condiciones, con el espacio a pleno rendimiento.
Y así firmando salimos del apuro, de la vergüenza. Como salimos del funeral de Tasio. Avergonzados de ser tan efímeros, tan frágiles, tan débiles. Él luchó de lo lindo. Trabajó duro. Él nos hizo la casa dónde escribo. Un hombre que tenía un tratado propio de las buenas formas. Una de las txapelas mejor vestidas de Bilbao. Espéranos en el cielo, en el mar o donde tú quieras ... Reencarnado me gustaría encontrarme con él, con Paco y con mi padre, con el tío Roberto "Pesuco" porque le vaciaron un ojo con ese elemento del juego de la Tángana manchego. Y con Iñaki Villanueva "Peloduro" que se tiró de una ventana o lo tiraron apareciendo en el maltrecho patio de una comunidad de vecinos de la calle Cortes. Lo homenajeo constantemente con mi actitud de llevar el pelo largo. Claro que el suyo era rubio. ¿No os lo había contado?, fué con él que trabajé en aquel cementerio. De muertos anónimos, poco célebres. ¿Qué le pasa al corazón cuando no es capaz de producir amor?, ¿qué le pasa?.

Hay una reunión de poetas en cualquier lugar, cada uno a su modo dice las cosas. Sin actividad contable y faltan muchos. Hay uno que es el primero. La bondad de sus letras es proporcional a los trabajos publicados. A la importancia de su editorial. Muchos viven de la poesía, excepto los poetas. Os prevengo del sueño de los editores. Y de los editores que bostezan. Los poetas entre tanto viven. 24 horas en la acción de arrastre del minutero del tiempo.

232, 233, 234 poetas y Uno, William Ospina

NUESTROS MUERTOS

No están en parte alguna,
ya son hierba y estrellas,
pero su sombra enturbia las palabras
y sólo a veces pasan por la mente,
vagan por nuestras almas, reclamando
lo que nunca les dimos.

11 abr 2010

Poema

Para aligerar el camino

VISITA

Todos los días vienes
Al oscurecer, con el sueño
de las primeras palomas.
Todos los días vienes.
Con la tarde, a veces,
con una bolsa prieta de esperanza.
Todos los días. ¡Todos!
Vienes con el viento,
y apenas tienes tiempo.
Todos los días vienes, ¡todos!
luego levantas el vuelo
con los ojos acristalados
y una sóla lágrima
nos dejas.
Todos los días vienes.
Vestida de primavera eterna
y cuando oscurece, nos besas.

Carmelo Camacho, soldado de la agrupación de caballería. Gijón, hacia 1975

14 mar 2010

La feria, la mudanza y de nuevo los amigos

Cada uno cuenta la feria conforme le va, conforme la ve.
Os aproximaré brevemente a la mía.
De unos años para acá hay muchas cosas que me mantienen alerta. Quizá el mismísimo paso del tiempo sobre mí. Sobre todos nosotros. Pero hay más. Naturalmente. La continuación de este oficio maravilloso que elegí hace años por mimetismo con las exposiciones que en esta ciudad veía. Cuando vine a Bilbao, me dí cuenta que no llegaría mucho más lejos. Sedentario y austero como soy. Hace aproximadamente 35 años. En esas exposiciones de la Caja de Ahorros Vizcaína, en Gran Vía, conocí al mejor Alfonso Gortazar que luego sería mi maestro y mentor.
Ahora, inmerso en un proceso de mudanza, el tiempo, ese mismo tiempo que pasa y nos preocupa ha venido a socorrerme. Así es como aquí, en las paredes de este estupendo bajo del Colegio de Abogados, podréis ver obras que proceden de 2004 y años sucesivos hasta la actualidad. Obra sobre lienzo, papel y cartón. El trabajo, el anecdotario de estos años congelado. El cuidado, el respeto que me ha procurado la basura.
El propósito, uno de ellos, el inicial propósito de esta exposición ha sido dar naturaleza, forma de libro al maravilloso texto que desde mi pasada exposición en Bilkin "Gracias por las flores" de 2004, guardo de Eduardo López. Un texto que se entregó en una hojita de papel como esta que tiembla en mis manos y que no quería que se perdiera transportada en el camión del reciclaje ... un texto actualizado ahora y que en unos días pondré completo en el blog. Coincidimos en muchas cosas. De hecho, creo que estas palabras sobran, que bastaría con remitiros a ese texto y tomar un vinito.
Como podéis observar, nunca me ha dado por reinterpretar a los clásicos. Consciente de mis limitaciones, de mis admiraciones. Excepto, acaso, en que me sigue conmoviendo la poesía.
He querido citar aquí, como invitación, a Javier Aguirre Gandarias. Dedicándole diez balbuceos pictóricos, paletas sobre papel de catálogo. LORO. Viene este poema a hablarnos del amor, de la experiencia estética, de la experiencia ética. En palabras de otro gigante, Mario Benedetti, vendría a ser así:

Teoría de conjuntos

Todo cuerpo tiene
su armonía y
su desarmonía

en algunos casos
la suma de armonías
pude ser casi empalagosa

en otros
el conjunto
de desarmonías
produce algo mejor
que la belleza

Viento del exilio. Visor

El caso es que la suma de exposiciones que vemos deben de procurar, entre otras cosas, que el espectador se mire al espejo.
No quiero pasar por alto, para que me comprendáis, la actitud de Francis Bacon que ponía cristal a sus obras para que el espectador se viera dentro. Involucrado.
Javier, como Benedetti, como Bacon dice al respecto

Loro

Tiene un ojo cerrado
y otro abierto. El loro tuerto!
¿Cantar? No canta
¿Reír? No ríe
¿Posee alguna gracia? Ninguna. El loro tuerto!
¿Ha aprendido a amar? No ha aprendido.
Pero subo las escaleras corriendo
para verle, con el corazón impaciente:
¿Le habrá ocurrido algo?
le doy de comer, le hablo al oído, le mimo.
Y, me mira fijo. Fijo con su ojo demoníaco. El loro tuerto!

Música del río. Pamiela.

Lo que sé de mí ... tan sólo
Contiene una soledad muy habitada. Como aquel precioso libre de Bohumil Hrabal. "Una soledad demasiado ruidosa".
Como si de un concierto de Jazz se tratara, presentaré al grupo de amigos que han hecho posible esta nueva exposición. Aplaudiéndoles por sus magníficos solos.
Antón Hurtado ha diseñado el catálogo, cada minuto más amigo y mejor artista.
Eduardo López, autor del texto que me llevará al ilapso de los Dioses. Un texto que me ubica y me hace más comprensible.
Joaquín Lara hizo las fotos y os confieso que desde hace años, muchos, no sé que hacer sin él.
A Alex Zugaza, al Colegio de Abogados, A la BBK.
A Pedro Fraile, que comisaría y representa mi entusiasmo.
A todos los demás que me conocéis y sabéis que soy un tipo tranquilo. Lento a veces. Cuando nací en 1959, me encontré con una España ya repartida. Qué vamos a hacer!!.
Un tipo tranquilo que lucha por abandonarse al romántico abrigo del taller.
A Maite Martín, mi mujer, que no canta flamenco. Y a mi perro.
Si el propósito, otro, de esta muestra hubiera sido reuniros aquí, lo hemos conseguido. Gracias por vuestra presencia.

Palabras leídas en la inauguración de mi exposición en el Colegio de Abogados.
Bien sabe el cielo que no me gusta regalar los nervios. Los necesito para trabajar. Pero a veces son inevitables.

25 feb 2010

Lo que sé de mí... tan sólo - II


Portada del catálogo de la exposición.

Aquí os muestro la portada del catálogo y tres imágenes de la exposición. Empezamos hoy. Nada como ver el arte al natural. Por orden de aparición, abajo, "Recuerdos de París", "Despensa" y "Cesped".
...finalmente tus ojos me
conocieron, nos sonreimos, dejándonos, observando
(tumbados, en
la hierba de un
acantilado) lo que había sido otra
cosa convirtiéndose en nosotros cuidadosa lenta fatalmente....
mientras en el mismo centro del fuego todo
el mundo se volvía brillante y un poco evanescente.
(fragmento)
Hacedme caso, no lo digo yo, lo dice E.E. Cummings en "Búffalo Bill ha muerto" (Hiperión, 274).

8 feb 2010

Datos y prolegómenos de una exposición


Juegan las mascotas, mixta/lienzo 200x180 cm. 2008

Don del mundo

¡Qué maravilla el mundo!

Se nota
que está hecho a toda prisa,
como un don de amor inmenso,
en siete días.

José Jiménez Lozano. Elogios y celebraciones. Pretextos 743

"Un buen método de aproximación al hecho creativo y a su comprensión, sería el de observar una serie de contenidos psíquicos desde un estado de profundo silecio. Una especie de test que abordara aspectos psicológicos tales como estar ...
Asombrado, tal vez maravillado, distante, pero a la vez dándose cuenta. No apegado, conocedor, armonioso, con ganas de tararear buena música, testigo de uno mismo, no erudito, relajado, vacío y lleno, luminoso y oscuro, ni lo uno ni lo otro, desidentificado, sin avidez, sin perjuicios, sin codicia del resultado a obtener, con la mano libre de expresar lo que ella quiera, etc.
La actitud meditativa, silenciosa que abre todas las puertas, va contracorriente del movimiento aparente de la vida, que es lo superficial, lo epidérmico."

Fragmento de un texto de Juan Mieg, Enero 2006 para la galería Juan Manuel Lumbreras

Confieso que este texto de Mieg es uno de los que más me han interesado en los últimos años.
También que esta mi nueva exposición en el Colegio de Abogados de Bizkaia, no se hubiera realizado sin el trabajo de representación de Pedro Fraile. Persona en la que delegaré en el futuro parte de mis apariciones.

Como si lo hubiera pensado. Antes de todo. Ha surgido como si hubiera formado parte de un sueño. Reparador y corto. Todos los días con las horas a mi favor. Como si el trabajo, realmente, hubiera estado hecho. A la vez que la obra, los cuadros. Y sólo faltara mirarlo adecuadamente. Disfrutando.
Apenas unas rectas de rodillo aquí y mañana todo será más blanco. Y se percibirá de inmediato el empiece, la voluntad de hacer, de ser. Esto no es una operación a corazón abierto. Siempre lo dije. Es, tal vez, un juego. Algo lúdico que puede ir más allá de la paciencia de los dioses. Y en todo caso algo, he aquí el consuelo, que tendrá presencias sucesivas.
Y es tal que así porque me he empachado de solidaridad. De la capacidad de ayuda de amigos muy cercanos. Con celeridad vinieron sin pedir nada a cambio. Excepto un café, un vino y la musa compartida como música que amansa a las fieras. Para izarme de pronto con el cubo lleno. Vino Joaquín Lara tras un manto de nieve desde Vitoria, a realizar un sin fin de fotos como si fueran suyas, las únicas, las últimas. Con lo mejor de sí y unos extraños focos muy domésticos. Involucrándose, emocionándose con cada pieza igual que cuando concurríamos a los Gure Artea de los primeros 90 y montábamos las telas en su bastidor a las afueras de Fadura ¿recuerdas? y comíamos bocadillos como los albañiles, a pie de obra.
Antón Hurtado maquetando, haciendo paseable la belleza. Por más que sea convulsa. Esta belleza, poca, de lo otro. De lo nuestro, que pretendemos con toda la verdad que sea distinto. Bordando de nuevo un catálogo con esmero, con mucho conocimiento. La vanguardia es mañana pero habrá que dejar apuntes de lo al hoy conseguido.
Y Eduardo López. Maravilloso texto. Actualizando un texto suyo de Diciembre de 2004 que no he querido que vaya al cesto de los papeles. Al olvido. Aquel se entregó en mano en mi exposición "Gracias por las flores" en la desaparecida Bilkin. Este irá editado y tal vez así consigamos que sea perdurable.
Sustituyan mi nombre, ustedes los artistas que se plantean la pintura como yo. Porque es un texto universal. Como poesía. Eso creo que es la poesía: conseguir verdades universales. El antes y el después de lo vivido. El presente es una consecuencia.
Así se portan conmigo mis amigos. ¿Qué más se puede pedir?. No puedo hacer más que agradecerles mi calma, mi sueño reparador. Y renovar con ellos mi compromiso.
Me cogen estos días leyendo a Tápies y me siento aún más defendido. Es un señor que durante años defendió hasta hartar el arte otro, que dice, acuñado por Michel Tapié. Recuerdo su exposición en Rekalde y el estupendo vídeo en el que se le veía trabajando, pintando telas inmensas en el suelo. A su manera en su torre-estudio de ladrillo. Mirando la obra desde arriba en la balaustrada. - Corta ahí. Y el ayudante montaba una gran escuadra en el suelo y a golpe de cutter fraccionaba de un tajo el expresionismo. Arte al peso. A medida. ¿Cuánto pesa el artista en el volumen del mundo?. En ese ápice valorable Tápies se encuentra bien. Y nada que se nos ocurra, que ocurra, le es ajeno. Dice: Porque, como dijo un gran amigo de los trobadores, pero también militante en las "sacudidas de la historia" más reciente, nuestra tradición auténtica ha sido siempre el sentido de la libertad.
Recuerdo también su magnífica exposición en Carreras Mugica con trabajos recientes, entre 2004-06. Con obras, esta vez, afectadas de ternura. Sorprendentemente limpias, breves. Dos botellas trazadas en una suerte de arena sobre una tabla. Demostrando quizá que somos muchos los que lanzamos socorros al aire. Al agua.
Reitero que me he sentido muy acompañado en estos días, sacando a la luz un catálogo que era el más temeroso escollo para mi. Un hombre como yo. Primario. Confuso. Cargado de ilusiones. Imposible hubiera sido sin los mencionados amigos. Imposible, en esta ocasión, sin Ikeder y el Colegio de Abogados de Bizkaia. Está en las Rampas de Uribitarte.
Lo que se de mi ... tan sólo,... ha comenzado. Se podrá visitar desde el 25 de Febrero y estaré con vosotros el 11 de Marzo a las 19,30. La casa pondrá un vino. Salud. Saludos.
Bilbao, a 11 de Febrero de 2010.

21 ene 2010

Lo que sé de mí... tan sólo - I


El estado de las cosas. 2007. Tríptico. Mixta sobre madera. cm un montón.

"Desde el momento en que empecé a pintar la figura, mi concepción del arte cambió radicalmente. Quizás no en su sentido estructural más evidente, pero las figuras distorsionaron mi idea de ambiente y de interior y también de la composición en sí. Y eso me satisfizo, porque esa sensación no se consigue con la pintura abstracta... En la pintura abstracta uno no puede enfrentarse a... un objeto o una persona, a la psicología que se concentra en una persona frente a la ausencia de cualquier figura que ella representa... Y eso es algo que echaré de menos en la pintura abstracta porque nunca podré conseguir ese tipo de diálogo entre varios elementos que pueden llegar a ser... tremendamente diferentes, que pueden estar en oposición o en agudo conflicto".
Richard Diebenkorn. "El experimento Velázquez" Michael Gruber. Alfaguara

"Todo artista lleva consigo una palabra para transmitir. Pero pobre de él si la conoce. Si la sabe."
Vergilio Ferreira. Pensar. Acantilado 138.

Otros aprendizajes
No dejaré pasar la oportunidad de hacer que se respete al individuo. Es por eso que aprecio más el arte otro. Lo busco. Así definía Tapies el suyo en 1955, "Estoy aquí por el arte otro" y cuenta el artista catalán que ese término lo acuñó Michel Tapié. El arte terapéutico. El arte bruto. En la novela Los confines de Trapiello, que leo ahora, al protagonista lo secuestran por tan sólo unas horas. Inagotables. Casi un día, noche incluida, en la noche que se ve cuando te ponen una bolsa negra en la cabeza, y te ciega los ojos pero no los demás sentidos. Ceguera, tal vez, como la de Borges que veía más allá de la visión. Me maravilla su conocida foto en la que sigue el salto de un gato.
Apelo a la fe que destapara Abigail Laskoz en Diciembre de 2004. "El que disfruta el arte y la cultura tiene un poquito de fe".
Nuestro tío Pedro ha muerto con 92 años. Acabo de hablar de ello con Pepe. La última vez que lo vi hace tres años aparentaba tener sesenta y pico o menos. Siempre lo recordaré así. El caso es que ya no está y mando mi pesar a mis primos. A todos ellos que andan por Andujar, Madrid, Valdepeñas. Me siguen pareciendo muchos años para un señor que andaba de casa al cercado en bicicleta. Transmitía serenidad y paciencia. Él velaba de reojo por nuestra educación. También conoció a Juana, la mujer del tío Saturnino. Era calderero menor, trabajaba la chapa y el cinc en un taller pequeño entre la plaza Mayor y Balbuena. Fue mi primer aprendizaje paralelo a la escuela. En realidad si había algo que aprender era la obediencia, pues el tío Saturnino lo tenía siempre todo hecho. Trabajaba con sigilo de relojero, con unas tijeras para chapa que cortaban muy bien. Hacía unos hermosos cangilones para las norias, perfectos, iguales, con dos o tres agujeros en el fondo para la transmisión del agua. ¡Qué maravilla!.
Iba de pequeño a ayudarle, a verle, en vacación. Tuvieron la idea entonces de fabricar recogedores de chapa reciclada de latas de aceite. Azules, verdes, amarillas. Saturnino se hacía con las latas y las reconvertía en otra cosa, con un agarradero de madera bien labrado en la empuñadura. Me encargué de venderlos en la calle Sevilla. Creo que es la única cosa que conozco de esa ciudad. Suficiente. La calle estaba en la salida empinada del mercado, en el centro del pueblo. Daba cobijo a los puestos provisionales, especias aromáticas, muy codiciados plásticos, flores, herramientas y los jueves venía de no se qué lugar un botijero. Creo que los cobraba, los recogedores, a cinco duros. Alguno quedará allá en el pueblo. Antaño se hacían las cosas para siempre.
Esa temporada iba los domingos, muy independiente, a comer a casa de la tía Juana. ¡Qué era un piso!. Les conocí otro que daba al Cine Parque de verano, desde la ventana de la cocina, subido en un taburete, pude ver alguna de romanos, del oeste, de Fantomas, a pantalla grande. Disponía la tía Juana de una cultura muy doméstica. Respetable. No decía ni mucho ni poco. Era discreta. Disfrutaba creo de la situación industrial de Saturnino, porque no es poco no tener que depender del campo. Hacía la tía, una sopa de estrellitas deliciosa, todos los domingos. Y siempre estaba igual de buena cuando le ponía unas resucitadoras gotas de limón. No tenían hijos. Me querían. Yo por mi parte adoraba a Saturnino porque tenía un local con una puerta a su medida y siempre que iba a verle estaba sentado en una silla a la que le había cortado las patas. El taller era pequeño, suficiente para que el tío se arreglara bien. Algunas veces salíamos a trazar una chapa en la calle y yo me sentía muy bien haciendo cosas de adultos. En ocasiones, iba a por la chapa grande a donde Enrique, su hermano, que también era chapista o calderero o cosa parecida. Los dos eran muy serios. Me daba el pliego de chapa requerido y me iba yo con aquel aspa que con el movimiento sonaba a concierto de serrucho. Con el aire. La fachada del tío Enrique, de ladrillo rojo, era la más bonita, la más bella del pueblo. Ladrillo estrecho con llagueo de un dedo de arenisca. A puerta cerrada y con las contraventanas de madera puestas el paseante forastero no sabría si aquello era un taller o un convento. En aquel entonces a las casas no se les llamaba arquitecturas. En aquel entonces los artistas plásticos se hallaban lejos. Gregorio Prieto, en Grecia o vaya usted a saber, Francisco Nieva, en París, en Madrid o vaya usted a saber. En Barcelona, el poeta, escritor y traductor Ángel Crespo. En aquel entonces yo no tenía entendederas suficientes para saberlo.
Sábado seis de Febrero de 2010.

14 ene 2010

Post Data para con un cuarto de pliego ... de lija

"Hoy ya tuve unos cuantos benévolos momentos de radiante mundo"

Peter Handke. El peso del mundo. Laia. 12

Aprovecho estos días, de atrás: Navidad, Fin de año; de bullicio callejero para sacarme de ahí y hacer cosas que quedaron pendientes. En casa. Esas tareas que se dejan y te ocupan luego uno o dos o más cajones abarrotados. En la cabeza. Y las ideas frescas, diarias han de abrirse paso en esa cortina, a empellones, de reciente pasado.
La vivienda es lo más cercano a una nube que conozco. Tengamos en cuenta que en algunos casos es la propia nube. En aquellas casas que tienen patio abierto. Y en las que suman goteras en exceso. Donde el existir pasa por alejarse constantemente de esa humedad que vive contigo y cuando duermes sueñas con ella como si de novia nueva se tratara.
La casa es una nube. Poéticamente hablando. Dejémoslo así. Una nube de las que citan los poetas cuando quieren decir que no se termina de conseguir algo o nada. Querido en exceso. O necesario. O imposible. Y es sabido que una nube no es un precipicio donde se da a entender que nuestro propio peso tiende siempre a caer. A desmoronarse. A precipitarse.
Desde luego, puestos a pedir, es mejor pedir la luna. Aún hay quién lo hace. Pero el astro nocturno perdió fiabilidad desde que fue, dicen, pisado. Una huella, dos, tres, cuatro, seis huellas y ya ... vuelta al origen.
Así es que me pongo en estos primeros días del año pliego de lija en mano y bayeta a limpiar la librería principal de hierro de casa. Estantería mínimal que siempre acoge libros como país que conozco. Marcos, fotos, trenecillos de colores, ranas de este o aquel material. El tibor de los todos, gomas, mini lápices, pins, sellos ... y nunca los suelta, se deshace de ellos o vienen entrando mucho más que vienen saliendo.
Anagrama, Anagrama hispánicas, Caralt, El acantilado, Galaxia Gutemberg, Tusquets, Emecé editores, Siruela, Destino, Salamandra, Alianza editorial ... muchos más libros de los que pueda leer, interpretar, en una vida tan sólo. Dicen que para la libertad también es insuficiente con una. Nos vemos compensados con libertades atrasadas. Pero ¿qué nueva partitura de zambomba transmitiremos nosotros?.
Me recojo aquí, en un cuarto de pliego de lija para hierro. A pulir la librería. No quisimos pintarla cuando la ideamos. El hierro dulce es bello. Maleable. Silencioso, tan sólo le dimos unas manos de Zapón.
Nos regalaron un precioso centro de mesa que me observa, aunque pienso que un buen jamón es el elemento ideal en una cocina moderna. En violetas. El centro de mesa espléndido.
Me acuerdo que de niño tenía paciencia, creo que tenía capacidad para quedarme largo rato mirando una pinza. De colgar la ropa. De madera o verde, azul, roja de plástico. El recorrido en la pared de una lagartija, entre la hiedra, gitanillas, geranios ... un maratón de hormigas. Ese movimiento tan quieto. Ese hurgar en el embeleso me previno siempre contra el viaje. Mirar demasiado un candado, una red de gallinero, un abrevadero, una cuña, una llave fija, te hace pensar cuanto tiempo necesitaría para asumir, digerir, la belleza del Taj Mahal. O el Nilo. Y no está la vida para andar huyendo. Como huidor acelerado he salido de la novela de Modiano. Que debe, aún habiéndola leído no lo sé, tratar de espías.
En aquel tiempo de la infancia, recuerdo que un carnicero pasaba a menudo por el taller de mi padre. Eran amigos y se interesaba por cómo le iba. Iba de paso a su almacén, en un cercado, que tenía para su tienda. Embutidos, conservas, jamones. En una de las calles adyacentes a la Seis de Junio. Un día me llevó a aquel gran patio con pozo, con tejados interiores para los carros, y abrevadero para los animales de tiro. Había tres perros. Aquello era tan grande que hubieran cabido al raso todos los pasos de Semana Santa del pueblo ... en unas cajas de fruta atesoraba un, entonces me lo pareció, sin fin de Tebeos. Ahora llamados comics, en este inglés que nos va atrincherando. El Guerrero del antifaz, Roberto Alcazar y Pedrín y otros ...
Me ofreció, me dejó llevar a casa unos pocos para ir viéndolos. Los llevé, muy agradecido y en un tiempo se los devolví. Sin haberlos siquiera leído. Tan sólo ojeados. Vistos los santos, como dicen en el pueblo. Y lo que me pasó es que tuve nostalgia de los que quedaron al aire en aquel gran patio. Fueron mis primeros contactos con el coleccionismo. Después de aquello me propuse tener cosas yo también. Hasta la fecha. Tengo ese extraño, extenso, deseo de tener, de poseer, de saberme acompañado. Por Simenon, Walser, James, Vargas, Wilson, Cheever, Buzatti, Cirlot, Padorno, Talens, De Lucca, Donna Leon, ...
Y paso así una bella tarde ilusionando. Recordando pasajes y leyendo. Coleccionando. Vendrán todos conmigo a lomos de gigantes elefantes si me marcho. Es un decir, se trataba de limpiar la librería.
Advierto que también sumo a los estantes los libros que me dejan. Que me rompen la dinámica, la guía de lectura. El embeleso. Los devuelvo de inmediato cuando consigo un ejemplar igual. Es fatal devolver un libro no leído. ¿Quién que haya diseñado esta sociedad nos ha inoculado la impaciencia?. El libro siempre tiene tiempo para uno.Habrá que hacerles caso.
Está quedando bien con tres cajas menos de libros este gran corazón de metal a prueba de insomnio. Luego la miraré como a las pinzas. Saludos.

10 ene 2010

Con un cuarto de pliego ... de lija



Aplique. Mixta/papel 24x24 cm 2009

Obreros

La labor terminada,

¿qué obrero habrá añadido
como una furtiva caricia
sobre el muro de piedra los musgos amarillos?

William Ospina. Poesía 1974-2004. La otra orilla

"No me gusta trabajar, pero cuando lo hago me agrada hacerlo como los pintores. Se paran ante su tela, la miran, calculan; luego hacen unos trazos con lápiz, se asustan (creo yo) y se van a la calle o leen (son grandes lectores) y vuelven, y desde la puerta ven aquello, a lo que se acercan, ahora con unos pinceles y una mesita en la que han puesto muchos colores, o pocos, según: rojo, azul, verde, añil, blanco, violeta; piensan, titubean, miran su tela, se acercan a ella y ponen un color aquí y otro allá; se detienen, se hacen a un lado y miran, vacilan, piensan, y leen o se van a la calle, hasta otro rato"

A Vicente Rojo. Augusto Monterroso.

29 dic 2009

Palo dulce. A Lucebert



Triomfator. Oleo/Lienzo. 115x145 cm. 1968. Lucebert.

escuela de poesía

no soy yo un dulce poeta
sino un escamoteador
rápido del amor, bajo el que veo el odio
y encima el acto cacareante.

la madre de la politica es la lirica,
yo no soy más que un pregonero de la rebelión
y mi mística es el pienso putrefacto
de la mentira con que enferma la virtud.

yo os anuncio que los poetas de terciopelo
se mueren espantada y humanísticamente.
en adelante la garganta de hierro al rojo vivo
de los verdugos emocionados es la que se abrirá musicalmente.

y hasta yo, que vivo en este poemario
como rata en el cepo, suspiro por la cloaca
de la revolución y grito: vergüenza, ratas rimadoras,
caiga el baldón sobre esta escuela de poesía aún demasiado bella.

Lubertus Jacobus Swaanswijk. "Lucebert"

"Todo lo que se me ocurre lo pinto, dibujo y pinto cualquier cosa sobre cualquier material, todas las ideas las estimo por igual, entre los motivos no escojo ni busco la síntesis, las contradicciones las dejo en su sitio tranquilas, y mientras se pelean entre ellas yo no ofrezco resistencia, me mantengo fuera de la línea de fuego y vivo la libertad que solamente ellas me dan"

Lucebert.

Palo dulce

Cualquiera puede decir que cualquiera puede escribir. Pero hace mucho, muchísimo tiempo que no veo personas escribiendo en las mesas de los bares. Los bancos (asientos) regularmente vacíos en los bancos. En la sede del BBVA hay varios adicionales largos, negros y se rumorea que no son para sentarse.
Diríase que se escribe, supongo, en la factoría o en la casa del escritor, en la intimidad. O en el puesto de trabajo. Se piensa y luego se escribe. Se escribe y luego se piensa. Creo que lo que tiene de confesión la escritura es una hilazón, una hipérbole entre el oficio y el beneficio.
Podríamos escribir de geranios todo el tiempo, para adentro. Anhelando que no sean reconocidos para afuera. Toda la vida, toda, serán los geranios nuestra musa, nuestro motivo. Es una planta de balcón, de plaza, de parque que aguanta bién la dureza.
Se habla mucho del curso que toman los acontecimientos. Hay que descabezar la organización. Cuanto más dinero se tiene más se grita. Pero no se ofrecen demasiadas soluciones, tan sólo una calidad de escaparatismo.
Que tristeza estos días fríos, anodinos, a las ocho de la mañana tan oscuros, tan severos. No transmiten. Es malo cuando uno debe ser sustituto del sol. En las casas con las que no pudo el viento, el tifón, el tsunami, la tormenta. Casas de acero y hormigón. Luego resulta que más abajo, en la superficie, todo parece cobrar sentido. En estos días se afanan las personas en reponer lo consumido, son días en los que facilmente se cambia el dinero de mano. En mano. De cartera en cartera. De banco a banco.
Hubo un tiempo en que había concretamente que luchar. Y las aspiraciones eran concretas, ahora conseguidas algunas metas, todo está más diluído. Por eso he traído este cuadro de Lucebert aquí. Con cariño. No todo está conseguido. Hay que seguir intentándolo.
He asistido a varias exposiciones colectivas en el último mes. Getxo-Arte, Bilbaoarte, ... El artista sigue consumiendo su palo dulce, paloduz, con inusual placer. Es tan individual la carrera ... la carretera, que basta con justificar los sueldos de la organización: dirección, secretaría, azafatas, ... Decididamente nuestro papel es el del que ofrece la flor ... tan sólo eso.
Acabé con Balzac y la joven costurera china de Dai Sijie. Inicio esta semana leyendo a Patrick Modiano, Calle de las tiendas oscuras. Pero tengo cerca los Ochenta y seis cuentos de Quin Monzó. El mejor amigo del oso de Arto Paasilinna. Celia se pudre de Héctor Rojas Herazo. Un armario lleno de sombra de Antonio Gamoneda. Recomendado por Edu López El color del sol de Andrea Camilleri. En blanco y negro de Antoni Tápies.
Ayer mi madre, día 28, y nosotros celebramos lo que según ella ocurrió en 1929. Su nacimiento. Ochenta magníficos años, convinimos, de paciencia. La felicitamos.
Enrique marchó a León a pasar con los suyos los últimos días del año. Generoso, a repartir cariño y los primeros de 2010. A nosotros nos dejó lo mejor de él. Los libros.
El caso es que hace tiempo que no veo personas escribiendo en las mesas, sedentarias, de los bares. Tan sólo Bolo que escribe con letra minúscula en una libreta cuadriculada muy pequeña. Salud y saludos.

18 dic 2009

La puerta amarilla. Portalón. A Albert Ráfols-Casamada.



Ensamblaje. Policromado. 30x26 cm 2009.

Escribo esto en el día de la muerte de Ráfols-Casamada. Tengo de él un dietario editado por La rosa cúbica que os recomiendo. Titulado Huesped del día. De ese librito notable saqué la convicción de que la abstracción es un "tratado de pintar el espacio que hay entre las cosas y no las cosas".

Adrede, me he demorado en las apariciones de esta ventana, desvencijada ventana del blog. Hablando de ventanas os animo a observar las preciosas ventanas procedentes de territorios chilenos que lucen en "Merece intentarlo", el blog de nuestro amigo, ya, Joaquín Calaf.
He demorado este blog, vertedero de mí, confesionario. He pensado estos días de atrás en todas las celdillas atrasadas, anteriores, de este panal . En su fugacidad. Y en su veracidad o no. En la rabia, en el cariño que se me fue con ellos, con estos textos, y tal vez no sea capaz ya de generar, de reparar.
Todo se reduce, tengo la impresión, a un homenaje a, otro más, mis propias, hilarantes rabietas. Al orden, tal vez, de cómo ocurrieron las cosas, conmigo ausente o presente y luego ... unos saludos, unos breves comentarios: de ánimo, ligeros, de solidaridad.
Me digo. A ver si así con la esperanza dormida y en actitud de espera; me voy enterando de lo que vale un peine. Dice Ferreira:

"Toda la época de ser hombre es un enorme filtro regulado por el destino. Y puede ocurrir que lo mejor de ser humano no pase por el tamiz y tenga que aguardar su turno."

Aguardar. Ahora que soy incapaz de recrearme en una, tan sólo una, postal navideña para felicitar, desear mejores tiempos, más paz, mas felicidad, más ... Declaro que no soy nada partidario de la Navidad. Acaso entiendo perfectamente esta NAVIDAD de Javier Aguirre Gandarias. Sal despacio. Hordago 1980

Es peor que ninguno este vino de Diciembre.
Hundidos por las esquinas levantamos el vaso
encima de los abrigos, en nombre de otras aventuras,
otros cadáveres que nos miran en la débil lámpara.
Hemos vestido luto para esta memorable ocasión:
En la memoria recolectamos el signo y sombra de los muertos
mientras un duende vomita en el fragor de la tasca.
Es Navidad y en la calle hórrida, al otro lado del ventanal,
un Niño-Dios nos anuncia sumariamente
todo el frío y el desdén de lo que nunca será.

Porque lo que yo quería era trabajar en el metal. Y anda la democracia a trompicones. ¡Ea!, pues que seáis felices, que todo vaya bien !!!!!!!!

"Pero dejadme siquiera
que yo prefiera la hoguera."
La hoguera (fragmento). Javier Krahe.

Os cuento. Antes de cumplir el servicio militar, en León, en Gijón. Fui de los que lo hicieron a regañadientes. Luego ya es sabido toda espera tiene su final. Trabajé en un taller manipulando el hierro. Cortando el dulce metal, soldando, montando los trabajos, puertas elevables con contrapesos de chatarra aquí, barandillas, pasamanos, quitamiedos allá. Corrigiendo, renovando, arreglando los motivos del paso de los años y la inevitable intemperie. Soy consciente de que de haber continuado ahí, en ese oficio no hubiera conocido a Julio González, al gran ilustrador en metal. Pero eso, su escultura magnífica en hierro, es otra cosa.
Porque lo que recuerdo vivamente es cómo antes de incorporarme a filas, en uno de esos trabajos fuímos a un cementerio, modesto, de pueblo. Los hay que no lo son. Más importantes y producen vida, ensoñación, y literatura y generan energia. Cómo el de Thiais (Val de Marné) donde reposan Joseph Roth, os recomiendo su libro "La rebelión" Seix Barral 652; Paul Celan; o el cementerio de Montparnasse dónde yacen Sartre y Beauvoir, Cortazar, Baudelaire. Según el magnífico libro de Edith Aron "55 Rayuelas". La otra orilla Belacqva. 24.
En el cementerio en el que trabajamos no fuimos advertidos de los notables que reposaban allí. Nos dijeron tan sólo lo que había que hacer. Es fastidioso que se dé por supuesto que los oficios más comunes no tienen acceso a los conocimientos divinos.
Era un modesto camposanto, costumbrista, de los que se alojan en la parte más baja de la niebla. Y allí hicimos la labor requerida. Éramos jóvenes en formación, oficialillos de tercera trabajando para la clientela más silenciosa del mundo. Y los huecos rectangulares de reciente construcción, unos encima de otros, ora cerrados, ora vacíos, fueron testigos de nuestra operancia. Tan jóvenes, con la cabeza hueca también como esos nichos. Y yo, que al poco tiempo, bendito tiempo de cerezas, cogí el petate y no volví. Porque al volver no existía ya el taller. Tal que así. Como si hubiera sido un sueño del que salí con un poco de paro.
He pensado, tesonero, que esto del blog es un poco así. Y no sé por qué debería ser de otra manera. Y que se pueden hacer trampas y pasar a cabecera las cosas y cambiar las ideas de fecha ... Pero se que el post dedicado a mi amigo Antón no volverá, por mucha prioridad que yo le de. Por cierto, él es el autor de esta foto. La puerta amarilla.
Rápido asume el ojo sus quehaceres. Nada volverá a ser como el primer día. Todo forma parte de un mundo ilusorio, lúdico, alojado en internet. Ese post y los míos.
Me recreo, me rebelo, así en la demora. Yo lo que quería era trabajar en el metal.

En Bilbao, a diecinueve de diciembre de 2009


29 nov 2009

Gracias por las flores



Algunas reflexiones sobre Datas. Mixta/lienzo, 200x200 cm 2003

Uno

"Cada vez me atrae más la limitación en la invención de la propia historia."
Apuntes Elias Canetti. Galaxia Gutenberg


"Ya que el mundo se resistía a ser modificado, tenía que acatar el imperativo de encontrar un acuerdo con las cosas, con lo social, vamos a llamarlo, dejar de sufrir, reconciliarme, extraer de la existencia lo que me pudiera procurar satisfacciones."
Los pecados capitales. Fragmento de Él. Mercedes Soriano. Grijalbo 1990

Ha colgado Antón Hurtado, caminante inquieto, una buena acuarela en su ventana del blog. Buena por su desnudez. Desnudos, todos ganamos mucho. Al menos, a mí me pasa. Me encuentro bien. Claro que, luego hay que relacionarse: compartir criterios, trabajo, charla. ¿La tertulia?. ¿Dónde quedarán aquellas unidas voluntades?.
Dicen que la TV ha tergiversado todo. Digo que la TV ha tergiversado. Vivir informado. Vivir uniformado.
La acuarela "Puerto L" está realizada en Octubre. y este llamado hacia el trabajo de Datas también. Aquella en 2009 y este "Algunas reflexiones sobre Datas" en 2003. Así es y formó parte de mi exposición en la desaparecida Bilkin. "Gracias por las flores. Pormenor" en 2004. Desde mi punto de vista como obra principal junto a unas esculturas (Venecia). Claro que con el espectador nunca se cuenta. O se hace insustituible, imprescindible. En ocasiones es él quién debe terminar lo iniciado. Con su ilusión, su capacidad de ver, su punto de vista.

"No hacen falta alas para ser el bueno
basta con las ganas y con el empeño ...
Fragmento Silvio Rodriguez

Ocurre que estás emocionalmente imbuido en una obra, completamente seguro, al menos, de su racimo de miel y la celebrada es la obra de al lado. Y asientes porque todas ellas son de tu taller. Parientes. En alguna ocasión he ido a celebrar una exposición de un artista, no siempre amigo, en su inauguración y he sido, sin quererlo, el protagonista. El mundo a veces es muy vehemente y eso no te crea muy buena sensación. Pero así es en este mundo de la oferta sin demanda, del disponible, del escaparate.
Joseba Irazu dice que conoce tres tipos de artistas: Mudos, Comunicativos y Exotéricos.
Quizá a alguien le esclarezca algo esta sencilla división de Bernardo Atxaga, pero a mí saberlo no me impedirá ir a trabajar mañana. Solo. Porque estaré siempre acompañado de los otros. Y los libros, los catálogos que empiezan a trepar por las paredes. Sus lomos como espejos. Y el acuerdo tácito con las cosas que decía la buena de Mercedes Soriano. Y acaso Chet Baker al fondo o cualquier música elegida, mientras se enciende un cigarrillo detrás de los cristales. Transparentes. Y leído, como mala costumbre, el horóscopo diario.
Hoy estoy feliz. Ayer hablé con mi madre. Estamos los hermanos tan dispersos que no distanciados. Eso es lo deseable. Que en ocasiones pienso que es sólo mía. Mi madre. Un aluvión de luz. La abundancia en la escasez. El primer pecho.

Y octubre. Trataremos de los grupos artísticos después o siempre. En otra ocasión. Pero siempre que hable yo, que escriba yo, que enmudezca yo, estará mi madre.
Y este Octubre de Ángel González.

A VECES, EN OCTUBRE, ES LO QUE PASA ...

Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frío oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas;

cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como susurros que dispersa el viento;

entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:

esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.

No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.

Palabra sobre palabra. Poemas elegíacos. Seix Barral.

Dos

Y fue unos meses antes de ese Octubre, pintado, que os cuento. Cuando expuse en el aula de Cultura de Gallarta. Allí me fui con mi suegro, Paco, a saludar a Dolores Ibarruri, en el bar del PC. Está muy cercano a la sala. En la Avenida del Minero. Quizá como último homenaje a lo que fue. Y que ahora es aliciente tan sólo para la memoria. Siempre me parecerá extraordinario ese modo de zanjar los asuntos. Una tarde se inaugura la Avenida del Minero. Y a otra cosa. Ahora el pueblo es pretenciosamente industrial, sin industria, al otro lado de la ría. Allí donde la margen derecha queda, como antaño, demasiado lejos.
Me contó, Paco, mientras viajábamos, con el tono importante de las cosas secretas, que en los sesenta había un hombre del Este, polaco, armenio tal vez ... que tocaba el violín y vivía en una lonja de Recalde y pintaba. Y pintaba. En la lonja con una bombilla seca en el centro.
Tocaba el violín para llenar de luz musical ese pequeño espacio, donde comía, dormía, vivía con una bombilla. Sola. Y pintaba, y no se sabía con certeza de qué vivía. Tocaba el violín para él y pintaba cuadritos que quizá vendía.
Tomando un café, debajo de la Pasionaria, me confesó: - Me siento mayor al ver tus pinturas. Traduje de inmediato que eso lo decía por la amistad, por la familiaridad que nos unía. Podría haber dicho: - Esto es un disparate. Pero era respetuoso y sabía del compromiso que yo había adquirido con mi trabajo.
Dice Colin Dexter en su novela El mundo silencioso de Nicholas Quinn. Plaza Janés.

"Ninguna acción humana tiene lugar por puro azar y desconectada de otros acontecimientos. No hay nada que no sea susceptible de explicación."

Creo que apreciaba, Paco, más la cantidad de obras, el trabajo, que las obras expuestas. Desde su diferencia de edad, inalcanzable. Temiendo que fuera yo a quedarme en el futuro de esa guisa. Como aquel señor del Este, con una sola bombilla, que pintaba y ... sin saber tocar el violín.

Me parece un abultado error que alguien, con la edad que tiene el mundo, manifieste que no entiende de pintura. Más grave aún, si estas ocasionales confesiones veniales, por otra parte, surgen de boca de personas relacionadas con el arte. Estoy seguro que la verdad de todo empieza en la literatura de intriga.

22 nov 2009

El suficiente. A Pilar Múgica



Autorretrato. Collage y mixta/papel encerado 42x36 cm 2009

El enfermo le preguntó la hora a su mujer y ella respondió simplemente: "Dentro de quince minutos"(dentro de quince minutos tendría que irse)
El peso del mundo. Peter Handke Laia 12

Primera parte

El mundo por fuera. El mundo por dentro. El comportamiento.
Me pongo el buzo gris y azul que me identifica como responsable de la limpieza. En una ocasión un periodista escribió que era el encargado y tuve que disculparme ante el mío. Se puede suplantar la personalidad. Ser otro. Pero con los oficios hay que ser muy serio.
Recién llegado al trabajo me prometo, solo, en el cuarto que volveré a Portugal. De Norte a Sur. De Este a Oeste. En el país vecino vimos, cuando fuimos muy poca basura. Muy pocas hojas caídas, era verano. Eran tiempos de menos consumismo. El aire que respiramos allá era muy austero, al menos en los pueblos que elegimos para iniciar nuestra visita. Los pueblos pequeños. Los puntos en el mapa diminutos que estaban al lado de los negros. Un poco más alejados de los rojos, las ciudades. Diseminados. Salpicaduras de tinta en un descuido: Borba, Estremoz, Tondela, ...
Aquella errata o interpretación libre de mi ocupación me confirmó lo que desde hace tiempo pensaba: el periodismo no es una ciencia exacta. Será por eso que gusto de leer los diarios atrasados, cuando la noticia, el suceso puntual y a quemarropa puede, quizá, afectarte menos. Y es una manera más de celebrar tu evasión. Os aseguro que ocurren demasiadas cosas a nuestro pesar. Y seguirán, tic tac, tic tac, ocurriendo...

"y tomo de aquí, y de allá el zumo de las cosas,..."
Prosas apátridas (fragmento) Julio Ramón Ribeyro. Seix Barral

Segunda parte

El mundo por fuera. El mundo por dentro. El entretenimiento.
Dotados de un cierto pesimismo. La crisis, el envejecimiento, los caprichosos, medidos pasos a una inevitable senectud, algunas personas del medio artístico dan forma a la opinión, de la obsolescencia de las galerías. No estoy de acuerdo. Recuerdo que ya cerraron Galerías Preciados. Ahora se trata de las galerías de Arte. Esas personas están ya viviendo un futuro obsoleto. Demediado.
Con el fin de las galerías se perdería gran parte del conocimiento del Arte. La magia en fuga. Como la educación en fuga con la jubilación de los maestros.
Seguro que olvidan que en NY se contabilizan quinientas. Entre Madrid y Barcelona un centenar. Quizá sea el momento de que una ciudad ignorada las aglutine todas. Teruel, por ejemplo. Y haya que ir allá como a Venecia, Praga, Lisboa, Berlín, Camberra, ... con ese reclamo, la ciudad de las galerías. Desde luego siempre es válido el dicho: "el que tenga tienda que la atienda".
Flaco favor le hacen a este mundo, del arte, que no salió aún de la batalla desde que comenzara en las paredes de una cueva.
Creo que estas apocalípticas opiniones sobre el presente y futuro del estado de las galerías son propias de conversaciones trasnochadas en Pubs de horario ininterrumpido. Parece que surgieran entre trago y trago de alcohol y el humo de cientos de cigarrillos, y falta de sueño. Opina así el que está cegado por el éxito de Serra, Koons, Hirst y un largo etc. y comienza a no ver en el horizonte arte alguno que no sea ese. Perdido ya el socorro debido a las personas y la paciencia para con los intermedios. Ir a la luna del capital. Ya. Sin paradas. Sin recreos.
Desde luego, están equivocados. No nos han vendido la era milagrera del ocio con su variedad de productitos (postales, paraguas, posters, bolis, lápices, etc.) para llegar a eso. Ya se cerró bastante por eso. Sustituido lo industrial por lo cultural, por lo turístico. No sé que opinará Manuel Vicent. Él, que es un activista del mundo del arte y se ha emocionado tanto con sus descubrimientos. ¿Cómo sino se escribe la "La novia de Matisse"?. Alfaguara.
El arte es conocimiento, deseo y viceversa. Opinión, apreciación. Cuestionario incontenible del presente. Dice Ferreira. Pensar. Acantilado 138 :

"Lo más grave de nuestra época no es que no tengamos respuestas para lo que preguntamos; es que ya no tengamos ni preguntas"

Tercera parte

El mundo por fuera. El mundo por dentro. El aprendizaje.
Cientos de artistas están trabajando en este momento. En el taller. Tantos como los cientos de jóvenes que buscan trabajo, hoy, desesperadamente... algunos duermen fuera de casa, en casa de amigos o familiares. Sestean en las salas de los autobuses, aeropuertos ... mi compañero, ahora, Fernando Villena ha aterrizado en NJ con un trabajo de fotografía en el oeste de USA. Los parques naturales. No ha ido allá a cerrar galerías. Tal vez, como todos ha ido a hacer lo humanamente posible.

"- El secreto para una vida feliz, Lewis, es saber dónde debe uno detenerse y entonces seguir un poquito más.
- Tomaré media más, en ese caso."
El mundo silencioso de Nicholas Quinn. Colin Dexter. Plaza&Janés

Acaso con las prisas no quiera, no pueda, yo, ser dador ni quitador sino todo lo contrario.
Abogan estos opinadores del futuro que la solución pasa por subirse al maletín de un representante que te relacione con las instituciones. Un marchante. Un portavoz que te ubique en un inexistente comercio. Te asegure el salario mínimo, al menos, interprofesional. Te procure trabajo continuado y sin sobresaltos y al fin el éxito. De ser así me gustaría que el mío, además de los que tengo, fuera Gil el representante de calzado, caminante de pueblos, que interpela a Gregorio "El gran Faroni" sobre el estado de su poesía. En la maravillosa novela de Luis Landero: Los juegos de la edad tardía. Tusquets -102

"- Y el artista, ¿nace o se hace?.
- Nace. No, brota, emerge. Eso es. El artista emerge de la unión entre el destino y la, y la, y la pasión. No, entre el destino y la, entre la libertad y el destino. El artista emerge de la unión entre la pasión, la libertad, el destino y la, y la ignorancia."

No sé que le ocurrió a aquel señor. Antes de que le vieran sentado constantemente en el banco de la plaza principal del pueblo leyendo el periódico. De alante atrás. De atrás para adelante. Con regularidad de Jesucristo colgado en la pared. A su alrededor el pueblo ameno de mañana. El tráfico y el alboroto del mercado. Cortésmente contestaba a los saludos: buenos días, buenas tardes. Una nota fundamental en esa plaza. Antaño. Con la fuente, homenaje a la vendimia, al agua a chorros. Con los bancos (asientos), el quiosco de prensa, golosinas, juguetitos de plástico y las fachadas azules de la plaza. Los soportales. El Penalty.
Le preguntaban a veces la hora como si no hubiera un reloj en la iglesia que se divisaba desde Úbeda. Y contestaba bien con agrado, con un movimiento ágil y atinado de muñeca. - ¿El tiempo mañana? - Si de mí dependiera bueno. Pero ya se sabe esas cosas vienen de arriba.
Unos conocidos celosos de su quietud, su buen talante, preocupados por saber de dónde salía su sustento le decían: ¿por qué no buscas un trabajo? - Me arreglo bien aquí. Poco sé hacer.
Ahora con la vendimia hay mucho trabajo: hacer el trasiego, lavar las tinajas. - No sé. No sé, contestaba sin perder su asiento.
Me contó todo esto mi tío Roberto, que se fue ya. El hombre de los besillos cálidos. Uno en cada mejilla. Familiares. - Hasta luego.
Y me dijo mi tío que consiguieron al fín, por amistades, que trabajara en una bodega para el trasiego. Del vino. - Se trata de subirte encima del camión cisterna y velar porque no se vaya. El motorcillo no tenía medidor de paso. Y allá se fué el hombre del periódico con unos cigarrillos. En Julio y la calor. Encima de la chapa de la cisterna.
Cuando llegue el vino arriba gritas la voz ¡Lleno!. ¡Lleeeno!. ¡Eeeno!. La voz gutural del bodeguero.
La manga manando vino suavemente y un ruido de chicharra continuado al fondo del patio.
Al hombre con el tiempo, quizá por ser su primer día de trabajo. Su primer día sin banco de la plaza, quiosco, tráfico, animación del mercado ... cuando el vino llegó y corría ya calle abajo sólo pudo gritar: ¡Suficiente!. ¡Suficienteee ...!
Y se sabe que volvió, luego, a su banco(asiento) al día siguiente. El suficiente.

Observo peligro, indolencia en este caprichoso dar y quitar vida a los negocios. A las personas.
La inteligencia en exceso es mala inteligencia. Dice
Vergilio Ferreira. Pensar. Acantilado 138
"¿De qué te sirve la inteligencia si no tienes inteligencia para usarla con inteligencia?"

La delectación, la degustación, el pensamiento sibarítico excluye y hace jugar a la ruleta trucada sus principios.

"Desde una mesa repleta
cualquiera decide aplaudir
la caravana en harapos
de todos los pobres ..."
Silvio Rodriguez. Fragmento

Paseando, mientras voy a mis cosas, me encuentro este elocuente letrero en la DYA de Bilbao: Se necesitan personas para casos de soledad.
¿No será eso lo que nos ocurre, que estamos tremendamente solos?
Viernes veintisiete de noviembre de 2009